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por Fausto Lipomedes  -  3 Enero 2021, 21:12  -  #recuerdos, #articular

Hay veces que lleva tiempo darse cuenta de las cosas, hubiera dicho mi padre, que ahora está sentado junto a mí. Bueno, lo hubiera dicho con otras palabras, pues no era una persona de una gran expresividad, y curiosamente a mi me ocurre lo mismo. 
Lleva su tiempo echar de menos, hubiera continuado diciendo; hay que dejar que se escurran todas las suposiciones, todos los prejuicios, todo lo bueno y lo malo que construimos y creemos que alguien o algo nos produce y una vez que nos hemos liberado de todo ello, ponemos el contador a cero, es como empezar de nuevo.  Y es entonces cuando sabemos de verdad el valor real de alguien o algo, y lo digo tanto para las cosas buenas como para las cosas malas. Hay veces, seguiría diciendo mi padre, que creemos que no somos capaces de ser como queremos ser por culpa de alguien, o que no somos capaces de ser como somos sin el respaldo de una persona, pero no es cierto. De una manera u otra nosotros aceptamos ese empuje o ese lastre en un momento determinado de nuestra vida ¿Y qué era de nosotros antes de ese momento? Es necesario quitar de encima esa capa para conocer la verdad. 
Ambos nos quedamos un momento en silencio. El día es de invierno, de esos de cielo raso de la meseta, un día de frío cortante que se vuelve hiriente cuando sopla un poco el viento. 
Además, dice ahora mi padre, si lo hubieras sentido antes, lo de echarme de menos, como ahora reclamas, te hubieras sentido nostálgico también antes, eso que te has ahorrado. Aún así, me alegra mucho saber que me echas de menos. Ya sabes que nunca tuvimos una relación estrecha, siempre escondido en las faldas de tu madre, pero ello no significaba que no te quiera. 
No quedó nada de ti papá, o yo no quise nada de ti. Te marchaste un día y fue cómo si nunca hubieras existido. Nunca estabas en casa, siempre trabajando con aquellos horarios tuyos tan alargados. Siempre he pensado en ello de manera inconsciente, ya sabes, sin querer hacerlo. Hace tiempo que me di cuenta de que la razón era bien sencilla: estabas más a gusto en tu trabajo que en casa, y me he dado cuenta de ello porque a mí también me pasa igual a veces, o al menos he sido consciente de ello durante temporadas. Ahora entiendo tus razones. No sé si es lamentable o no lo es, no sé si es triste, no sé si significa un fracaso. 
¿Te sientes fracasado? Me hubiera preguntado mi padre. No sabría responderte papá. Si me quedo solo y quieto, sin tener que responder a nada, si nadie me pide opinión, si nadie se fija en mis actos y los evalúa, si nadie espera nada de mí, entonces no. Aunque cometiese errores, aunque me diera cuenta de todos mis defectos y debilidades, aunque cayera en ellos una y otra vez, todo quedaría en mí, por lo tanto, sin estar orgulloso de mi mismo, no me sentiría fracasado, si acaso podría estar cabreado conmigo pero, ¿quién lo sabría?

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