Los cuatro misterios

por Fausto Lipomedes  -  13 Diciembre 2020, 23:49  -  #Llaves, #rotas, #extraer, #cómo

No es bueno llegar a casa semiborracho, ni siquiera un cuarto de borracho. Pero yo ese día, que era viernes, iba completamente sobrio. Hago mención a la ebriedad porque puede ser que te haga sentir fuerte, enorme, activo, grandioso, enérgico. Supongo que así me debí de sentir el viernes cuando llegué a casa ya de noche, pues al hacer girar la llave de la puerta en la cerradura, se partió como la mantequilla y allí dentro se quedó. 
No me jodas, pensé, lo que me faltaba. Esta casa, a la que el otro día se le cayó la cobertura de una viga externa castigada por las lluvias, el frío y el calor extremo. Esta casa, que uno de sus muros sucumbió al viento o que suda humedad por una de las paredes de la cocina. Esta casa, va ahora y se queda con mi llave impidiéndome el paso dentro de ella. 
Pude entrar por la puerta trasera. 
Que mala pata, no dejaba de repetirme. Habré de llamar a un cerrajero, me dije, pero no en fin de semana, cobran más que un abogado penalista. Bueno, mientras tenga la puerta trasera, no hay problema, me dije a mí mismo, pero es una jodienda sentirte atrapado y sin salida directa a la calle, sino rodeando toda la casa y subiendo y bajando escaleras. Siempre se quedan cosas arriba que te quieres llevar y has de volver a subir y bajar de nuevo. Bueno, habré de aclarar que la puerta de entrada de la casa y la trasera están a diferente altura. 
Por la noche me metí en internet buscando vídeos sobre cómo extraer una llave de una cerradura, y encontré decenas de ellos con distintos trucos. En todos ellos, tipos sonrientes decían que aquello era una tontería y que con un clip, un alambrito o una navajita, y con paciencia, aquello acababa saliendo. Presto, decidi, esa misma noche, extraerla e iluminado con la linterna del móvil, pero imposible. Perdí los nervios. Mejor a la mañana siguiente. 
Aún así, cogí una de las copias de esa misma llave y subí para introducirla en la cerradura desde dentro. Entraba, aunque se quedaba fuera un centímetro o dos. No podía hacerla girar, que absurdo, si está el trozo de la exterior dentro de ella. 
Me fui a dormir y a la mañana siguiente me dispuse a reiniciar mis prácticas de cerrajero. ¿Y qué coño hace mi mochila al lado de la puerta? Nunca la dejo ahí. La dejaría allí la noche anterior, ¿cuándo subí a probar la copia de la llave? Me extraña, soy un hombre de costumbres y rutinas. Primer misterio. 
Antes de irme a correr vuelvo a intentar introducir alambres, clips. No entran, se mueve el bombín, sale unos milímetros, trato de atraparla con unas pinzas, imposible, se vuelve a meter hacia dentro. Doy el tema por imposible. Necesito un Kleenex, ¿dónde tengo el paquete de Kleenex? Lo encuentro, extraigo uno y lo dejo en el mueble de entrada. 
Vuelvo de correr, y antes de bajar a la puerta trasera, me afano de nuevo con mis herramientas. Nada de nada. 
Ya no saldré de casa en el resto del día y no hago ningún intento más. En los videos también vi que a veces es efectivo meter una llave por el otro lado de la cerradura y dar unos golpes secos con el martillo. 
Eso es lo que haría a la mañana siguiente desde dentro. Martillazo va y martillazo viene, secos, precisos. Salgo fuera, y nada, el trozo de llave externo sigue encajado. Más alambres, pinzas, pero nada. 
De nuevo me marcho a correr, y al volver miro la llave incrustado, por si acaso, sin ganas, la vuelvo a manipular con los alambres, pero nada. Sigue herméticamente encajada. Me doy por vencido. 
Subo a ducharme y en medio de la alfombra de la entrada esta mi paquete de Kleenex, ¿Cómo coño ha llegado ahí el paquete? ¿Se habrá escurrido desde el mueble de la entrada? ¿Una ráfaga de aire? ¿De qué aire? Segundo misterio. 
Pasa el domingo. Ya es de noche. Subo arriba no sé a qué, por casualidad hago girar la llave que está por dentro. Gira. Jaja. Gira, abro la puerta y más de dos centímetros de la llave incrustada fuera está fuera del bombín. ¿Qué coño ha pasado? Tercer misterio. 
Sonrío y miro el trozo de llave en mis dedos. Decido no tirarlo, ignoro que haré con él, aunque seguramente lo acabaré depositando el el cubo de la basura, pero no de momento. Así que lo dejo en el mueble de la entrada. Aliviado por eliminar el engorro de avisar a un cerrajero (no tengo excesivo tiempo para esos asuntos domésticos), me preparo la cena. Ceno y subo a lavarme los dientes. Decido mirar de nuevo el trozo de llave extraído. No está, cuarto misterio. 
 

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