Casa a la medida

por Fausto Lipomedes  -  24 Noviembre 2020, 21:50  -  #casas, #vivir, #elegir, #qué, #dónde

Nunca he sabido tomar decisiones. Ignoro la razón. Al menos no sé tomar decisiones racionales, y por racionales entiendo decisiones pensadas, sopesadas, decisiones decididas. Es tan complicado ¿verdad? Digamos que mis decisiones son más bien intuitivas. Poco a poco voy sintiendo algo de manera inconsciente. Puede que incluso esa inconsciencia vaya contra mis propios intereses, pero así funciono. 
Poco a poco, ese instinto, deseo, anhelo, va tomando forma y ellos solitos van tumbando a cualquier contrariedad que los puedan convertir en ilógicos. Así, suavemente, tomo las decisiones. El resultado es que son aplastantes, inamovibles, maduradas, casi viejas. 
Y esto viene al caso porque hoy me he quedado en casa trabajando. Como siempre ha sido intenso, pero aún así he podido estar a mi aire y buscando mis pequeño huecos para las manías, los regocijos de ciertas acciones íntimas e igual inexplicables para alguien que las observará desde fuera. También he decidido ir a correr al mediodía. Lo que me ha costado, pero he cumplido con mis objetivos. 
De vuelta en casa, al mediodía, con el Sol en el horizonte, respirando paz y silencio, con el cielo enmarañado, he pensado que me gusta este lugar. 
No he decidido que haré con mi vida, y esta expresión abarca desde la cantidad de días que me quedan como ser vivo hasta el lugar en el que habitaré cuando ya no aguante más mi actividad profesional (que intuyo está llegando a terrenos de verdadero hastío). 
Siempre he teorizado sobre la opción de marcharme de estas tierras y buscar otras más húmedas y de colores más vivos, pero por otro lado, siempre pongo en el otro lado de la balanza: a mí este lugar me gusta. Pero más que el lugar creo que es la casa. Esta casa que tengo es tan destartaladas, tan caótica, tan sufrida, tanto que te permite no hacerla mucho caso, que te permite no tener que mantener sus suelos brillantes, en la que se cuelan hojas secas por debajo de la puerta de entrada en otoño, que admite cualquier tipo de elemento aunque no esté ordenado, como mis sacos de tierra apoyados contra el muro de la entrada con sus plásticos descoloridos por soles, lluvias, nieblas, granizos y cálidas de las últimas temporadas. Una casa plácida, tan pasota como yo. Quizás una casa hecha a mi medida. No lo sé

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