Cigarrillo fantasma

por Fausto Lipomedes  -  6 Octubre 2020, 21:09  -  #dejar de fumar, #métodos, #real, #sueño

Tengo la intención de dejar de fumar. Esta afirmación implica que soy fumador. Ya lo he dejado en varias ocasiones, pero tras un tiempo sintiéndome libre, acabo echando de menos esa especia de interpretación cinematográfica que conlleva el hecho de fumar, tanto ante los demás como ante ti mismo. 
Pero volviendo al hecho, tengo la intención de dejar de fumar. Yo, como decía anteriormente, siempre lo consigo. Mi método es muy sencillo: me marco una fecha, bien elegida al azar o bien porque coincida con algún hecho relevante y entonces la elijo como punto de partida. 
Sigamos. Una vez establecida la fecha, la fase intermedia es comenzar a bajar la dosis de consumo para ir habituando al organismo a sobrevivir, durante períodos más prolongados de tiempo, sin el espíritu del tabaco. Conseguirlo es muy sencillo, únicamente precisas proponerte no fumar un pitillo a menos que haya transcurrido una hora, una hora y media o dos horas, o más, desde el último que te has metido para el cuerpo. El secreto es ir alargando esos períodos. Un consejo, si ves que no vas a poder cumplir unos de esos períodos, ponte a hacer cualquier cosa, piensa en algo, o inicia alguna actividad. Con ello, distraes tu ansiedad, con tres minutos de estratagema, tu cerebro arrincona tu claudicación y sigue hacia adelante. 
Esta es la fase en la que me encuentro ahora. Confesión: soy tan necio que en numerosas ocasiones, transcurrido el espacio que me marco entre pitillo y pitillo, no me apetece fumar. Pero como sípuedo hacerlo al imponerme yo mismo las normas, casi que me obligo a encender un cigarrillo. 
Pues bien, este método me ha permite reducir prácticamente a la mitad mi consumo de tabaco en mi camino hacia la desconexión total.  Al grano, a medida que consumo el paquete, con mis dedos palpo su contenido, para poder así saber cuántos cigarrillos me quedan, más o menos, y así poder proyectar en el tiempo cuando habré de abrir un nuevo paquete. La palpación es un movimiento suave que realizo con el pulgar y el índice, calibrando cuantos cilindros, más o menos, hay aun guardados en la caja mágica. 
Y anoche es lo que hice. Agarré el paquete y con estos dos dedos, presionando suavemente el envoltorio blando del paquete, pude comprobar que quedaban dentro dos pitillos, lo que me llevo a hacer un cálculo mental, en el sentido de que me fumaría uno a modo de conclusión del día (me gusta hacerlo mirando las estrellas), y no abriría ningún nuevo paquete hasta la jornada siguiente, lo cual, y teniendo en cuenta mi ritmo, era un triunfo. 
Esto lo hice sentado en un cómodo tresillo, en una de sus esquinas, la izquierda, y alargando la mano hasta una mesita adosada a él, donde descansaba el tabaco. Pues bien, un hombre de piernas largas, es lo único que ví de él, agarró el mismo paquete e hizo el mismo gesto, afirmando categóricamente que no quedaban dos, sino tres pitillos, lo cual me alegró aún más, y aunque en un primer momento me regocijé con el hecho, esta mañana, al despertar, me ha venido a mi cabeza el hecho y me he estrujado el cerebro preguntándome quien era ese caballero que anoche me afirmó que en vez de dos quedaban tres cigarrillos, pues vivo solo y anoche no había nadie en casa. 
Tal era mi desconcierto que lo primero que he hecho esta madrugada ha sido palpar el paquete, el de cigarrillos, y comprobar su contenido. Ah, sorpresa, efectivamente eran tres los pitillos, dos que aún permanecían dentro de él, y el que se esfumó mirando a las estrellas. Y siendo tan evidente la evidencia, hasta media mañana he tratado de descubrir la identidad del caballero. Esta claro que se trataba de un fantasma. Sonriendo me he ido a correr. 

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