BURBUJAS BLINDADAS

por Fausto Lipomedes  -  26 Septiembre 2020, 18:36  -  #año, #extraños, #pandemias, #remedios

Los viernes me derrumbo. Mi cuerpo debe de ser sabio e intuye, a partir del mediodía, que la tarde no va a exigir esfuerzo alguno. En consecuencia, se va relajando y deja de estar en alerta y, poco a poco, se va desconectando. Deja a mi cerebro cómodamente recostado sobre un cojín de terciopelo anaranjado mullido y confortable y una delicada melodía va adormeciendo dulcemente mis músculos, huesos, y tendones. Lo mejor de todo es que yo soy consiente de todo ello. La situación es similar a cuando una inquietud te despierta en la cama. Tienes sueño, pero te aterroriza pensar que el despertador sonará en poco minutos, entonces miras el reloj de grandes números fluorescentes y qué glorioso comprobar que tienes horas por delante para, igual que un viernes por la tarde, dejarte llevar a otro mundo confiadamente. 

Lo mejor de los viernes por la tarde es que se activa ese pacto implícito a todo el mundo de que nadie tiene derecho de molestar a nadie, y si lo hace por causas mayores, al menos existe esa cortesía de pedir disculpas y de tratar de que la incursión en tu tranquilidad sea lo menos abrupta posible. Lo cierto es que podrían ser todos los días viernes por la tarde. 

Aquí ando, un año más, y cómo bien dices, inaugurando otro. Sí, me toca empezar de nuevo un ciclo de doce meses que teniendo en cuenta la incertidumbre que reina en estos extraños tiempos, se me antojan duros. Se van terminado las calas tranquilas, los recovecos acogedores de caminos en los que descansar. Parecen haberse esfumado, es como si una maquinaria pesada los hubiera arrasado y sin sentimiento alguno los hubieran borrado para construir paseos marítimos geométricos o autopistas por las que circulan veloces máquinas. 

Puede que sólo sea una sensación mía porque me esté haciendo mayor, pero cada vez me resulta más difícil encontrar espacios, y asociados a ellos, tiempo, en los que pueda decir, estoy disfrutando de un momento placentero o, simplemente, porque es así de sencillo, estoy siendo feliz. Sí, cada vez me resulta más complicado encontrar esos lugares y sus tiempos que, para mí, se caracterizan por ser cerrados. Burbujas blindadas e infranqueables para nadie y nada, pero sin necesidad de levantar empalizadas ni torres de vigilancia en ellas. Son esas conjunciones espacio/tiempo dentro de las cuales los minutos se vuelven dorados y avanzan más lentos, momentos que puedes crear tu solo o en compañía, conjunciones espaciales que puedes crear en el rincón de un restaurante o en el banco de un parque al atardecer, momentos que sólo exigen tu voluntad de querer disfrutar de ellos. 

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