Ensoñación

por Fausto Lipomedes  -  5 Mayo 2020, 20:35  -  #psicología, #complejidad, #humana, #motricidad, #somatizar

Hay días que me siento brioso como un corcel andaluz de estampa noble, llena de potencia mis patas, con el cuerpo estirado y orgulloso. Hay días que me siento compacto y armonioso, capaz de romper el aire y enfrentarme a cualquier inclemencia climatológica, sea cual sea e independientemente de su virulencia, capaz de dar ejemplo e ir con la cabeza alta, mostrando gallardía y ventura ante la adversidad. Y otros, sin embargo, me siento roto, desvencijado, intentando unas partes de mi cuerpo tirar de las otras en un espectáculo de asincronía y escasa gracia en las formas y las maneras. Ayer me sentí así, hoy brioso, e ignoro las razones. 
Misteriosos misterios tiene la biología y escasas conexiones con nuestra cabeza, pues va a veces el cuerpo por un lado y por el otro, en dirección contraria, nuestros pensamientos. 
Paseo por campos, limitado por serpenteantes veredas cuyas paredes son totalmente vegetales, hundiendo mis pies en frondosos puzzles de tallos verdes de ignoro que especies de ese reino, flores silvestres, las malas hierbas, cardos, margaritas de campo, amapolas frágiles y que el Sol ha vuelto mates. Apenas me cruzo con nadie, hoy con adolescentes que no sé que buscan en estos caminos, quizás un sueño de amor, un deseo o aventuras con piratas del lejano Oriente que habiendo desembarcado por el Este se hayan adentrado hasta estas tierras duras buscando conquistas. 
No hay motivo para el optimismo ni tampoco saliente alguno al que agarrarse si piensas en el futuro que se me antoja como una pared vertical lisa, pero el cuerpo gallardo vence obstáculos, te eleva sobre el suelo y casi te lleva en volandas sin apenas levantar polvo a tu paso. Curioso ser somos que nunca sabemos cómo nos vamos a encontrar y debido a qué motivo, curioso mecanismo biológico que es capaz de reactivarnos ante los peores presagios, simplemente haciéndonos inconscientes a ellos, que nos vuelve melancólicos con la felicidad o felices con la melancolía. Curiosos seres somos y también grandiosos, que no somos capaces de asumir nuestro fin y siempre andamos con sueños y proyectos inmortales e infinitos. Racionalidad la nuestra como sin terminar, alguien se quedo sin tiempo para afinar el diseño y lo dejo así, con esas terminaciones imperfectas que, como tal, siempre nos lleva a tener que justificar los defectos de esa obra inacabada. Pero no es nuestra culpa, simplemente no está rematado el encargo o salimos antes de tiempo de la charca o el gran Diseñador se quedó sin ideas o enfoques originales.  Ni por lo más remoto sospechaba que hoy, después de mi andar, al que me encaminaba con temores por mi día roto de ayer, iba a encontrarme así, etéreo, casi sonriendo con bondad y con una armonía que siento perder o simplemente olvidar mañana, pues en medio hay un sueño y sus otras realidades. 
Se me olvidaba. Ha aflojado el calor, el viento es más fresco, ha virado y viene del oeste en ráfagas que traen frescor y hablando con mis plantas me dicen que lo agradecen.

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