Brinco

por Fausto Lipomedes  -  4 Mayo 2020, 20:58  -  #calor, #anticiclón, #verano, #luz

Uno de los mayores misterios con los que me llevo enfrentando desde hace años es la capacidad que tienen lo cables de enredarse. Parece que tienen vida propia y que mientras no los observan se enredan unos con otros como las plantas trepadoras. 
Hoy lunes el día ha sido prácticamente veraniego. La temperatura ha sobrepasado los treinta grados y aunque ha hecho aire, era caliente, cargado de ese polvo en suspensión tan propio del verano, ese que viene en oleadas desde África. También otro misterio, porque he estado en ese Continente y tampoco es que me haya ahogado respirando arena.  Jornada de luz blanca indefinida, sin colores, un anticipo de la monotonía que traerán los anticiclones, uno detrás del otro, que suelen sucederse en el estío. Lunes de trabajo, de retomar, perezosamente, las tareas del mundo capitalista. Me cuesta, cada vez me cuesta más. He de suponer que simplemente es la edad y mi galopante desinterés hacia lo que realmente no me llama la atención. Supongo que con los años vas perdiendo la capacidad de ser hipócrita contigo mismo; tendencia que debe de estar directamente relacionada con el cada vez menor tiempo que te resta de ser el ser que eres, luego, a lo mejor, viene otra cosa. Paralelamente a ello, mis golondrinas han fracasado en su intento de construir su nido. Lleva ocurriéndoles ya unas cuantas primaveras. Desde luego, eran una golondrinas muy jóvenes y lozanas, igual sin experiencia aún en cuanto a la construcción de hogares. Todos los años insisten en levantar su nido en el mismo lugar, a la entrada de casa, unas veces a la izquierda y otras veces a la derecha, y a los pocos días, la estructura se desmorona. Lo he sentido, pues me hacía ilusión poder observar la evolución de los críos, a pesar de los inconvenientes que acarrea, sobre todo el de limpiar los excrementos y montones de desperdicios que caen de un nido de niños y adolescentes después. Me imagino, que como todos los años, habré de buscar el nido en algún recóndito lugar de la casa porque revolotear, siguen revoloteando a mi alrededor. 
He acabado el día dando un profundo paseo por los campos. Sigue sin haber nadie, hoy sólo me he cruzado con una señora de avanzada edad, o igual de la mía, porque tengo esa estúpida percepción de sentirme mucho más joven que mis contemporáneos. El viento ha arreciado por lo que ha sido un paseo realmente reconfortante, pero mi pie izquierdo, que siempre ha sido muy independiente con respecto al derecho, está un poco jorobado. Aún así, procuro no hacerle mucho caso, ya llevamos años soportándonos y a estas alturas, no creo que vayamos a discutir profundamente. 
Lunes, por lo tanto, con cierta monotonía, quizás desanimado por el calor de hoy y por esa pinta que adquieren los días tórridos que me provocan tanto aburrimiento. Lo mejor, un nuevo habitante de mi entorno, el primero que veo este año, un hermoso ejemplar de saltamontes, adulto, a pleno Sol y valiente, pues alguien, desde algún árbol, le habrá echado el ojo. Supongo que su vida, como la de casi todos, depende de un brinco. 

 

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