Un gorrión a mis pies

por Fausto Lipomedes  -  24 Abril 2020, 18:16  -  #gorriones, #pájaros, #vida, #viven

Me he desperezado lentamente, dejándome bañar por la luz del día y por el canto de los pájaros. Me resistía a abrir mis ojos, era gustoso tenerlos cerrados y estar aún en la oscuridad del dormir pero, como suelo hacer todas las mañanas, he actualizado el cerebro, enumerado las tareas que tenía por delante y asumido que no quedaba otra que lanzarse de la cama. No me cuesta levantarme, lo que realmente me cuesta trabajo es abandonar la calidez del lecho y enfrentarme a la menor temperatura ambiente de la habitación. Me siento en la cama, desnudo, únicamente cubierto por una camiseta y antes de que llegue a sonar apago el despertador. Lo hago como una señal de triunfo. Me visto rápido echando un vistazo al día que viene. Hoy será soleado, aunque hay un cierto matiz grisáceo en el ambiente. También me fijo en la copa de los árboles para saber la velocidad del viento. Desde hace un tiempo a esta parte, la meteorología me llama la atención. Miro también al horizonte, concretamente al del oeste, es el que tengo enfrente de mi cama, de hecho duermo con mis pies mirando hacia este punto cardinal. Dicen los espiritualistas que es la mejor posición, ir del este al oeste, ya que los flujos divinos se producen siguiendo esa dirección. Además, qué mejor que colocar la cabeza hacia el este, después de todo por ahí empieza el día. 
Lo primero que hago es tomaren café. Hay quien ha de asearse o ducharse primero, pero yo no. Me levanto ansiando el sabor del café. Además, aunque lleve mucha prisa, soy capaz de acortar los tiempos del resto de rituales que sigo todas las mañanas, pero no el del desayuno. Considero que si es el primer acto del nuevo día, que mejor que tratar de definirlo con cierta calma y sosiego. saboreándolo. Supongo que si se hace así, es de esperar que el resto de acontecimientos que nos tocará vivir el resto de la jornada se desarrollarán de igual manera. Me pongo el café en mi taza y paseo por la cocina que afortunadamente es amplia y permite pensar y observar. Estoy distraído, mirando por sus ventanales y, como casi siempre que estoy en casa, no miro al suelo, sino que lo hago horizontalmente. Pero hoy, y mientras me deleito con los colores aún pálidos y sin definir del campo, veo con el rabillo del ojo una mancha oscura en el suelo de la terraza. Desvío mi mirada y allí le veo, el cuerpo sin vida de un gorrión. Me ha causado una honda impresión. Me he quedado mirando el cuerpo sin saber qué hacer. Un gorrión muerto a los pies de mi ventana. Me ha paralizado el hecho y he meditado sobre las circunstancias del fallecimiento de aquel pájaro. Le observo y es de un tamaño considerable, por lo que quiero pensar que su muerte se ha debido a causas naturales. Desde luego, y no como ocurre algunos veranos, no ha muerto de calor o por falta de agua. Pienso en qué hacer con aquel cadáver que, sin lugar a dudas, lo es desde hace poco, pues su plumaje aún parece sedoso. Si lo dejo allí, no me cabe duda de que los gatos darán buena cuenta de él, y aunque defiendo la ley que impone la cadena alimentaría, he de admitir que visualizar el festín no me producía ninguna satisfacción. Así las cosas, me he movilizado y he buscado por mi cocina una pequeña caja, valdría cualquier bandeja de esas de cartón en la que envasan piezas de ruta o similar. He optado por una de tomas ecológicos. He salido a la terraza y he empujado con una escoba, he de confesar que me daba cierto reparo tocar aquel cuerpo, los restos dentro de aquella caja, que he cubierto con papel de cocina, haciendo un paquete fúnebre casero. Después he salido fuera y me he dirigido a la ladera al lado de casa, y allí he cavado, a los pies de un pino pequeño, un pequeño hoyito a modo de sepultura, en la que he introducido al pájaro. No sé si me he sentido ridículo, o qué pensarían de mi el resto de aves que cantaban alegres sobre mi cabeza, o si me han visto los mirlos, o las golondrinas o incluso algún gato, pero me he sentido bien, tranquilo, como te sientes después de hacer las cosas como crees que deben de hacerse, después de todo, el gorrión había muerto a mis pies. Este hecho no estaba previsto esta mañana. 

 

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