Trinos

por Fausto Lipomedes  -  23 Abril 2020, 19:30  -  #trinos, #canto, #pájaros, #diferencias

Escribo entre trinos de pájaros que no consigo ver. Me he dado cuenta de ello de golpe. He mirado hacia la copa de los árboles para tratar de descubrirlos, pero me resulta imposible dar con ellos. Pienso en lo que me gustaría disponer de los conocimientos necesarios para poder diferenciar unos de otros y conocer así la variedad de especies que habitan a mi alrededor. Los mirlos han estado todo el día juguetones, volando rápido, guardándose el uno al otro, cortejándose, disfrutando de su libertad y con la única preocupación de estar a salvo de los gatos, pues hay veces que para picotear insectos y larvas, se posan en el suelo. Cuando lo hacen, y suele hacerlo la hembra, el macho siempre revolotea en torno a ella u observa a su pareja desde la rama de un árbol. Siguen metiéndose dentro de mi arbusto y he introducido mi cabeza dentro de él buscando que hacen allí dentro, intentando dar con la incógnita, pero visto el lugar desde la perspectiva de un pájaro, aquello bien podría ser un magnífico parque temático para saltar y hacer piruetas. 
Día tranquilo, más apacible que el de ayer, no tan rápido, más pausado. Día amable que me ha dejado diferenciar sus diferentes momentos. 


Volví a subir a la planta superior de la casa. El cuarto desde el que trabajo, o siendo más preciso, desde el que trabajaba, fue el último que revisé. No fue gratuito ya que a ese lugar lo denomino así, el último cuarto. Es pequeño, acogedor y cómodo, pero funcional. Presidiéndolo hay una gran pantalla de ordenador que nunca llegué a apagar, a pesar de que a través de ella ya no llega nadie. Está sobre una mesa amplia, bajo la ventana que da a la terraza y a la calle. Lo llamo así, el último cuarto, porque ese ordenador era la puerta de acceso del exterior a casa y también la mía para comunicarme desde mi encierro con el mundo; el último baluarte, el último rincón desde el que poder recordar cómo habían sido antes las cosas, y como consiguieron serlo durante un tiempo cuando el encierro empezó, luego todo comenzó a desdibujarse. 
La tormenta va cesando, y si bien ya no graniza, ahora está lloviendo con fuerza. Aún retumba algún turno, pero ahora oigo claramente al agua recorrer los canalones de desagüe y golpear con sus gotas el asfalto de la calle, la chapa de los coches aparcados frente a casa, el suelo de mi terraza. Miro a través de la ventana, todo chorrea. Un brillo húmedo amarillento se posa sobre todas las superficies metálicas reflejando la luz que emite la farolita al lado de casa. Suspiro. Hacía tiempo que no llovía tan intensamente y con aquella regularidad. Dijeron que fue consecuencia de la disminución drástica de las emisiones que trajo la paralización. 
No he encendido aun la luz del ultimo cuarto. En vez de ello, muevo el ratón del ordenador y su pantalla se enciende iluminando amablemente la estancia. Si hubiera alguien en la calle observando bajo la lluvia podría ver a través de la ventana mi rostro levemente iluminado y quizás observar el brillo de mis ojos, aunque los noto secos y cansados. 
Introduzco mi contraseña y accedo al escritorio. La conexión a Internet sigue funcionando, pero el acceso a montones de sitios han ido desapareciendo. Sólo quedan activas las páginas de venta on line, fueron las últimas que estuvieron operativas. A través de ellas puedo acceder a montones de catálogos de productos ordenados en montones de categorías. A veces paso el tiempo así, mirando, observando, eligiendo. Hace tiempo que no los renuevan, pero las galerías son tan inmensas que siempre hay cosas nuevas que ver. Juego a seleccionar productos y a irlos introduciendo en el carrito. Hago cuentas, sumo, quito productos y añado otros, aplico descuentos y bonos regalo de promoción, y cuando creo haber hecho una compra óptima, le doy a la opción de tramitar pedido, y es entonces cuando me aparece el mensaje de error o, dependiendo del lugar, otro que me pide disculpas y me cuenta amablemente que debido a la situación el servicio ha quedado suspendido. Y me pregunto entonces dónde estarán todos esos productos, en qué oscuro almacén y apilados de qué forma. 

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