Las ventanas

por Fausto Lipomedes  -  17 Abril 2020, 17:37  -  #final, #mundo, #teorías, #extinción

Asisto, mirando a través de mi ventana, al fin del mundo conocido. También tengo otras ventanas preciosas, perfectamente pulidas y sin aristas, mis pantallas tecnológicas, las del ordenador, el teléfono o la tableta. Pero a través de ellas no me están llegando soluciones. A través de ellas me llegan hombres y mujeres preocupados, casi desesperados, incapaces de aceptar todavía que lo que hasta ahora era, está dejando de serlo. 
Me hablan de mercados, de adecuar la oferta, de costes, medidas, reacciones, desarrollos, demandas, beneficios, facturaciones, impuestos, plantillas, ajustes, consumo;  me hablan de planes y estrategias, de actores de un escenario viejo y caduco de un teatro que están cerrando. Me hablan desde la barca anegada de agua, con un bote de achique, con el que no dan a vasto, en una mano y con la otra señalándome la ruta por la que dicen van a surcar la tormenta. Y yo les escucho, e incluso a veces trato de creerme sus planes, pero lamento que no desistan, que no bajen su tono y su volumen de voz y transformen sus discursos en un simple hola, cómo estás. Lamento que no reflexionen, que no digan: oye, empecemos de nuevo. 
Pero a través de esas mismas pantallas también me llegan voces amigas, a través de ellas estoy en contacto con seres queridos y oigo sonrisas y palabras dulces, comparto esperanza, quietud, y tranquilidad, y también entereza humana. Siento compañía, añoranza, vínculos, deseos y sabiduría. Y también silencios, simplemente una mirada llena de melancolía. 
Ahora llevamos ventaja los que no somos nadie, los que nunca hemos creído ser dueños del mundo ni personajes importantes dentro de él, los que no hemos contribuido con prácticamente nada a su desarrollo, los que no hemos creado artilugio ni obra artística alguna, los que no hemos vivido simplemente usándolo a él y a sus habitantes como instrumentos para nuestro disfrute. Llevamos ventaja porque siempre supimos de la imposibilidad de dominarlo y doblegarlo. Nos adaptamos a él y a los egoísmos de los pedantes e imbéciles para poder encontrar nuestro hueco, dentro del cuál sobrevivir sin llamar la atención. Y yo creo que esto, ahora, da ventaja. 
Asisto, mirando a través de mi ventana, al fin del mundo conocido; y nunca pensé que fuera a ser así, tan dulce, tan tranquilo, una especie de extinción sedada. Soy un hombre sano al que un día, de la noche a la mañana, han recluido en su casa y al que han amenazado, además, de una posible muerte si osara salir de ella.  No sé, no me encaja. Es como si alguien me hubiera dicho: cierra los ojos y ábrelos cuando yo te diga, verás que sorpresa. 
No sé qué ocurre más allá de mis ventanas, en la lejanía, no me dejan ir a verlo. Así que de momento me centro en lo próximo que veo a través de ellas; en la pequeña naturaleza que observo y a la que comienzo a prestar más atención, y en las personas que como tú, la habitan tranquilas 

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