La paella roja

por Fausto Lipomedes  -  2 Abril 2020, 20:05  -  #final, #cansancio, #agobio, #mal, #futuro

Pues hoy estoy cansado, saturado por el trabajo y abatido por las percepciones. Supongo que son altibajos de este proceso inaudito que nos ha tocado experimentar. Hay veces en que sólo percibes y sientes negatividad a tu alrededor y que por mucho que quieres empujar a los ánimos, no hay forma, y hoy ha sido y está siendo un día de esos. He dejado de leer los periódicos y procuro no estar al día de la cruda realidad. Es un mecanismo de defensa, prefiero esperar unos días para informarme con la esperanza de que cuando retome el interés  por la actualidad las cosas hayan mejorado. En realidad es un mecanismo infantil. Recuerdo la primera paella que preparó mi madre. Yo era un enano, no sé debería de tener ocho o diez años, y mi madre era mucho más joven de lo que yo soy ahora (es paradójico que me recuerde a mí mismo con mi madre más joven que yo). Pues bien, mi madre, que siempre ha sido guapa, pero muy mandona, estoy seguro de que puso lo mejor de sí en aquella paella, y yo estaba ilusionado, pues era una comida que me encantaba y que sigue encantándome, además, el hecho de que se decidiese a prepararla había estado rodeado de un protocolo que levantó expectación. Bien, mi madre debido de echar chorizo a aquella paella, o más bien excesivo chorizo, con el resultado de que aquella paella salió roja en vez de amarilla. Para mí, en mi mente infantil, era alucinante ver una paella roja. El caso es que yo me asomaba a la cocina a mirar su color y una vez verificaba que seguía roja, me iba, me dedicaba un rato a mis cosas, supongo que a jugar, y volvía al rato con al esperanza de encontrármela amarilla y apetecible, pero aquella paella nunca cambió de color. Lo que ahora no recuerdo es si acabamos por comérnosla o no. Pues bien, hoy he vuelto a asomarme a la cocina, y me he dicho: venga veamos cómo va esto, y joder, va fatal. Los titulares de los periódicos son demoledores, aun descontando su afán por el alarmismo y su gusto por acojonarnos, son demoledores. 
Se me ocurre apearme y huir, pero tampoco es factible, ya que todo el Globo está pandemizado y vayas dónde vayas vuelves a estar atrapado en esta pesadilla tan absurda. Quizás haya llegado el momento de morir, me has comentado por teléfono, pero tampoco están las cosas muy agradables en este apartado. No quiero que amontonen mis restos en un aparcamiento subterráneo o en un edificio refrigerado a la espera de un entierro o una cremación exprés. En definitiva, ni vivo ni muerto tengo solución. 
Eso sí, siguen llegándome mails de gente con planes para junio, para julio, para agosto, incluso para septiembre. Los leo, los miro, y me resultan tiernos e inocentes, como el texto de un niño en su carta a los Reyes Magos, y yo juego a seguirles el juego. 

 

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