Gracias

por Fausto Lipomedes  -  27 Abril 2020, 19:01  -  #futuro, #cambios, #final, #esperanza, #humanos

Ando hoy melancólico y me he puesto a pensar en la razón de ello. Lo primero que he pensado es que el aislamiento comienza a hacer mella en mí y aunque mi espíritu quiere ser fuerte, esta situación horada mis ánimos hundiéndome en este estado. 
Pero sigo pensando en ello mientras hago diferentes tareas en casa y voy cambiando este parecer hasta que, poco a poco, he dado con la clave de mi melancolía. Y me sorprendo al verificar que no es otra que lo mucho que voy a echar de menos este estado que la vida ha creado para mí. 
Sí, lo he de confesar.  Empiezo a barruntar el final de esta situación que comienza a ser idílica (aunque aún se podría afinar un poco más), y comienzo a sentir una angustia pesada pensando en la vuelta a la normalidad, por muy anormal que digan que va a ser, porque volverá a ser la misma de siempre. Y de pronto me doy cuenta de todas las cosas que voy a echar de menos, y todo lo que he descubierto a mi alrededor y que iré olvidando, no por falta de interés, sino básicamente por falta de tiempo y del espacio adecuado para su descubrimiento. 
Y con esas ideas en la cabeza he salido hoy muchas veces al exterior para intentar dar las gracias a todo aquello que me ha acompañado durante todos estos días, y que seguirá haciéndolo durante unos más, pero pocos más. 
Y doy gracias al cielo por habérmelos cubierto de nubes durante este mes de abril, por haberme irrigado con una magnífica lluvia a mí, y a la naturaleza. Y también le he dado las gracias a gorriones, golondrinas y mirlos y a todas esas especies que no he conseguido descubrir pero que sé que han estado conmigo porque les oigo cantar al atardecer. Y también a los gatos, mis gatos, tan cautelosos y desconfiados, y a la ardilla que vi dos días, pero que no volví a ver, y a las ranas y los sapos y, por supuesto a la maleza, plantas, plantitas, flores silvestres, árboles y piedras que tan cerca de mí han vivido. 
Paseo por mi ridículo jardín y miro mis tulipanes ya marchitos, y los recuerdo en flor y no olvidaré jamás los tulipanes de esta primavera irrepetible. 
Y siento de pronto ganas de quedarme con todo esto, aquí. Se me pasa por la cabeza  no volver al ruidoso y agresivo mundo de los bípedos fatuos que tan alejados de mí se han visto obligados a estar, debido a las circunstancias. Y siento ganas de no volver a relacionarme con ellos pues no me han dado nada comprable con lo que he recibido estos días. No han tenido la misma paciencia, ni han sido tan espléndidos y espontáneos como lo ha sido conmigo todo lo que me rodea. Y también quiero dar las gracias a esos humanos que se han dado cuenta de mi bienestar, que se han puesto en mi lugar y han supuesto la bondad del momento, apoyándome y alentándome a disfrutar de ello, ya sabes tú a quien me refiero. Gracias. 

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