Sin grandes despedidas

por Fausto Lipomedes  -  29 Marzo 2020, 19:09  -  #apocalipsis, #despedida, #desaparecidos, #solos

Como suele ocurrir en los casos de emergencia mundial entra cierta necesidad de despedirse. Somos tan débiles, tan poquita cosa, que estas situaciones son las únicas que nos hacen tomar conciencia de la nada que somos y que en cualquier momento nos pueden borrar de la faz de la tierra de manera masiva. Ese es lo que ocurre ahora y apuesto a que nadie hubiera pensado que este final, además, fuera a obligarnos a estar aislados unos de otros. 
Normalmente estos finales apocalípticos se afrontan en masa y en ellos cientos de miles de personas perecen abrazadas unas a otras, al menos dándose la mano y pudiéndose mirar a los ojos. Pero no, ha querido el destino o ha querido quién quiera que tome estas decisiones, que esta vez este fin del mundo, para muchas personas, vaya a ser obligatorio observarlo en soledad, como mucho escuchando la música a todo volumen del vecino, esa que pone una tarde soleada de primavera, sin ser consciente de que será su última estación de las flores. 
Como en todos los fines del mundo, y como decía al principio, entran ganas de despedirse, y así lo he hecho con numerosas personas, ya sabéis, los típicos mensajes de que “nos vemos pronto”, “ánimo”, “esto lo superamos”; en definitiva, toda esa mierda de frases y palabrerías que nos desbordan cuando tenemos miedo y que dejamos   escapar con dificultad de nuestras gargantas. He recorrido mis contactos y me he vuelto a encontrar con Carlos, un amigo del que no sé nada hace tiempo. Carlos no sé si era o sigue siendo, aunque creo que ha dejado de ser, representante de artistas. Le conocí a través de una antigua relación tortuosa con una chica y repleta de problemas que acabó metiéndome a mí en algunos, y de la que acabé desembarazándome para el bien de mi salud mental. Tenía una amistad con él algo extraña aunque yo creo que con un par de buenos anclajes que hacía que nuestros mundos, totalmente diferentes, permanecieran orbitando en paralelo aunque se escondieran el uno del otro durante largas fases de oscuridad. Lo último que recuerdo de mi relación con él es a su marido, un ruso de dos metros de altura que se encargó de llevarme a casa cuencos de una sopa especialmente nutritiva de su blanca estepa durante una bronquitis que pasé hace ya algunos inviernos y que estuvo a punto de acabar con mi vida. Aunque creo que luego también le vi en un par de ocasiones junto a más gente.
Llego hasta su contacto y miro el último mensaje que le remití las pasadas Navidades y al cual no me contestó. Aún así, y dadas las circunstancias, de especial gravedad como no puede ser menos el fin del mundo, le envío otro mensaje al que tampoco espero respuesta. 
Y todo ello me hace olvidar el apocalipsis y no dejar de preguntarme qué será de él.  Una noche de borrachera veraniega con la amiga que me lo presentó, sentados en el bordillo de la acera, me señaló la academia de pintura a la que me dijo que estaba asistiendo para tomar clases. Sé que pintaba y que tenía arte en ello, y también me dijo, a lo largo de los meses siguientes y en algunas ocasiones, que iba a dejarlo todo y a retirarse a pintar al sur del país.  He indagado en internet a partir de estos datos y, efectivamente, he encontrado decenas de cuadros suyos, y sorprendentes he de decir. Por lo tanto, deduzco que hizo lo que pensaba hacer y ha decidido centrarse en pintar. Pero lo que sigue siendo un misterio para mí es que no responda a mis mensajes. Puedo deducir dos cosas, la primera que esos anclajes que creía tan sólidos no lo fueran tanto, lo cual me defraudaría profundamente. La segunda, que haya decidido romper con todo, y eso incluya también con todos los que nos hemos quedado en su anterior esfera, y tampoco me gusta, pues no me hubiera importado agramarme a esta nueva. En fin, en medio del apocalipsis todos tenemos nuestras propias apocalipsis más pequeñas. Cosas y gentes que vamos dejando en el camino o que toman otro camino, sin grandes despedidas, simplemente levantando el brazo y diciendo hasta luego.  

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