Recuperando el habitat

por Fausto Lipomedes  -  22 Marzo 2020, 19:09  -  #habitat, #animales, #plantas, #insectos, #naturaleza, #especies

Vale, está bien, me abstraigo y no opinaré sobre la inconsciencia y la frivolidad con que los que habitan conmigo están viviendo esta situación. Lo que no quiere decir que a medida que la bilis se acumule en mi estómago ,  pueda contener el gran estallido.  

No puedo tener mucho tiempo libre. Soy de esas personas que salvo que el cuerpo pueda conmigo, he de estar haciendo algo o, al menos, haciendo cosas que yo pienso que sirven para algo, aunque quizás no sea así para otro observador. 

Esta mañana he comenzado el día con una taza de café en la mano y saliendo a la luz del día. He respirado hondo y he vuelto a confirmar que no hay nadie por aquí, parece que me he quedado solo. A la inusual tranquilidad de los últimos días, hoy se suma esa capa de apacible tranquilidad y pereza que tienen todos los domingos y al silencio en el que que llevo viviendo durante los últimos días, hoy se agrega el del festivo. Quizás, gracias a él, al silencio, he podido oír el vuelo del abejorro. Me ha resultado simpático y enseguida he intentado localizarle visualmente. Y efectivamente, frente a mí ha pasado, errático, un punto negro con un zumbido asociado. 

Con mi taza de café en mano he decidido perseguirlo, con la esperanza de que encontrará una flor dentro de mi jardín. Un ser vivo en medio de este páramo y además, un ser vivo completamente ajeno a todo esto que está pasando, a su trabajo, polinizar. Efectivamente, y tal y como ya había observado otras primaveras, directo a las flores moradas del romero. 

Me he acabado mi café siguiendo las visitas de mi amigo a todas y cada una de las florecitas de la planta. El tipo ha sido concienzudo, eficiente en su labor. Y además lo ha hecho con sencillez y sin importarle que yo le observara. Ha transcurrido un buen rato antes de que, con una cabriola, desapareciese frente a mí en busca de nuevas flores. He sonreído y hasta le he dicho adiós, no se si me habrá oido. 

Me doy la vuelta y veo a dos gatos observándonos desde la verja, cómodamente sentados. Los veo a menudo, pero ahora me los encuentro con más asiduidad. A pesar de lo recelosos que son, cada día me dejan acercarme más a ellos. He mantenido una charla con ellos contándoles mi situación. Al contrario que un perro, que suelen torcer la cabeza mientras le hablas, los felinos te miran fijamente con sus testas bien rectas. Al final han optado por dejarme con mi cuelgue y de un saltito han desaparecido de mi vista. Supongo que rondarán cerca y más tarde me cruzaré de nuevo con ellos.

Decido meterme de nuevo en casa, pero al encaminarme a la puerta descubro un brote verde bien formado y consistente, nacido justo en el ángulo de un escalón, en la fisura entre las baldosas de la huella y contrahuella, ese minúsculo resquicio en el que nosotros no podríamos hacer nada, pero que es suficiente para que la naturaleza haga florecer algo.  Me agacho, observo sus formas. Es extraña, un tallito del que emanan más tallitos con hojas compactas que no sabes si lo son o proyectos de nuevos tallitos. Todo el conjunto es pequeño y abigarrado, verde, pero tiene ganas de crecer y a pesar de caprichoso guarda cierta simetría volumétrica, no dejando que ninguna parte de la copa que va formando se destaque del conjunto. Aquel ser vivo parece tener muy desarrollado el sentido del equilibrio y la homogeneidad. Me gusta, un trozo de vida más que observar todas las mañanas, un trozo más de vida al que ayudar a vivir. 

Me vuelvo sonriendo, pero antes de llegar a la puerta me he dado cuenta del alboroto de los pájaros. Parecen alegres, No paran de trinar. Se han mezclado y saltan de rama en rama, de árbol en árbol, nerviosos, como celebrando la quietud o quizás celebrando la falta de injerencia del ser humano, la recuperación de su hábitat. Te echo de menos, sé que no vas a aparecer, así que he de localizar a mi ardilla. 
 

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