Lluvia paradójica

por Fausto Lipomedes  -  31 Marzo 2020, 19:11  -  #apocalipsis, #final, #cómo

Todo esta perlado de gotas de agua limpia, gotas de agua de lluvia que se han quedado colgantes en hojas y pétalos, pegadas en los cristales. Han oscurecido la piedra, el asfalto de mi calle y a la tierra; han hecho brotar hierba y han pintado de un verde vivo a la que ya existía, y también a las plantas, los matojos y a los pinos.  Todo ha crecido. Chorrean manchas oscuras por los troncos de los árboles y hasta los pájaros han callado, así que es fácil oír el agua discurriendo por los canalones de desagüe, o a las gotas que resbalan del tejado estrellándose contra el suelo. Hay un silencio sepulcral y todo, conmigo, miramos al cielo que parece haber descendido y jirones blancos, grises, negros, de nubes repletas de agua, navegan a baja altura molestándose unos a otros, de oeste a este, empujados por una brisa suave, fría y húmeda. 
Resulta paradójico que la lluvia, que es vida, aparezca ahora que no hay vida sobre la faz de esta tierra. He perdido la noción del tiempo que llevo sin ver a nadie. A veces he de hablar sólo para acordarme del timbre de mi voz y me miro en los espejos para intentar mantener un aspecto más menos decente, por si alguien apareciera, aunque lo creo improbable. Han dejado de pasar coches por la carretera y aunque me asomo para ver si soy capaz de ver alguna figura moverse, no veo a nadie. 
Hace ya tiempo que la televisión y también la radio dejaron de emitir información o programación alguna, parece que todos acabaron infectados también. El móvil tampoco tiene cobertura, aunque sí funciona, ignoro la razón, la luz. También hay agua e ignoro si gas, pues en mi risco no uso este elemento. He de ir a comprar alimentos, pero siento miedo de hacerlo pues no sé que panorama voy a encontrar o incluso si voy a encontrar panorama alguno. Es como si no quisiera cerciorarme de que esto se acabó, de que a alguien se le fue de las manos aquel bichito loco que soltó. Nunca imaginé un final así, y mira que había personas que lo advirtieron. Se acallaron las voces de aquellos que auguraban una recuperación rápida de la normalidad, se mudaron en silencio las grandes proclamas patrióticas de los dirigentes, un día desaparecieron. Y el mundo se murió perdiendo sus fuerzas pocos a poco, envuelto en el silencio del miedo y con la estúpida reacción, como la mía, de sobrevivir, ¿para qué? me pregunto ahora. 
Sea por los deseos que tengo, por los rabillos del ojos veo figuras moverse, últimamente muchas, pero siempre compruebo que son las patillas de mis gafas o reflejos en mis cristales. Al principio acogía animales, pero hube de echarles, no sin enfrentarme con ellos, pues se dedicaban a comerse mis provisiones, y sé que acechan, pues huelen el alimento, así que he puesto bastones, palos y todo los que he podido encontrar que pueda servirme para atacar, apoyado junto a los marcos de las puertas delantera y trasera de la casa. Y todo esto no puedo comentarlo con nadie. Añoro a tanta gente, ignoro que fue de ella, si aún estará viva o ya muerta, y todo fue tan rápido que no puedo creer lo ocurrido y cada mañana que despierto he de asumir esta situación y dedico la noche a intentar soñar y a vivir lo que durante el día ya no puedo,  y es extraño. Así me siento. Mañana será mejor. 

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