Ida y ojalá vuelta

por Fausto Lipomedes  -  27 Marzo 2020, 21:47  -  #jóvenes, #convivencia, #generaciones, #entender

Hace unos días me quejaba de los jóvenes que tenía acogidos en casa. Me refiero a mi hijo y a su mujer. Pero hoy se han ido y les he hecho prometer, o eso creo, qué volverán. 

Estoy acostumbrado a ser un ermitaño, rodeado de costumbres y manías que han ido campando a sus anchas debido a que nadie me suele poner coto a ellas. Por lo tanto, cuando alguien se acopla a mi lado, y partiendo de que la convivencia exige respeto hacia la otra persona,  he de controlar mis hábitos para dejar espacio a los de los demás. He de reconocer que suele ser un ejercicio que, en un primer momento, me resulta extremadamente difícil. De hecho, cuando la, o las personas que están a mi lado comienzan a habitar conmigo, sus espacios, sus usos, sus maneras, parecen herirme y los traduzco en robos a mi intimidad, violaciones de mis derechos como morador del hábitat. Pobre de mi, soy un egoísta hecho a mí mismo. Y reconozco esto porque hoy se han ido los jóvenes y cuando me daban la espalda al salir de casa, ya sentía ese adiós con melancolía, ya previa la añoranza que ahora, tres horas después de su marcha, siento. 

La convivencia enseña. En realidad, es una buena guía para crear cierta contención a tus desbarres, pues dejarse llevar por la apetencia simplona y vaga conduce a sitios de los que luego has de volver mediante fuerza de voluntad y con orden. Y la convivencia te proporciona eso, ciertas pautas, y al mismo tiempo entrena en el trato, en el don de la conversación y, consecuentemente, en el desarrollo del escuchar a los demás, no sólo a tí mismo, que cuando vives sólo es lo mismo que hablar solo. 

No, no los he echado. Que les esté añorando no significa que les disculpe, se han ido porque ellos han querido. Como ya dije de ellos, son otra raza, caprichosa y acostumbrada a servirse del mundo cómo se hace en los bufetts de comida libre. Así, que igual que llegaron huyendo del agobio y el aburrimiento de su pisito, ahora se han marchado añorándolo y supongo que conscientes de la necesidad o el deseo de tener que vivir por ellos mismos, y el uno junto al otro, esta situación. 

Aún así, estos días, que espero y deseo que se repitan, me han servido para escarbar debajo del barniz externo que, igual por mi culpa, era lo único que veía de ellos. Y debajo de ese barniz he descubierto a dos personas negadas a ver la realidad de lo que está ocurriendo. No son insensibles ni carecen de buenos sentimientos, pero parece que el mundo, tal como se lo habían diseñado y vendido, se les ha hecho mil añicos, y no lo entienden. Ellos, con sus dispositivos perfectos, suaves, sus entornos smart, sus conexiones, la capacidad global, sus portales de ofertas, su quiero esto y ya lo tengo……y ahora, algo queda, pero creo que barruntan que todo, absolutamente todo, puede derretirse como la nieve bajo el sol. A propósito, hoy ha nevado. 

Estoy cansado, ha sido otro día duro. Así me siento. Se han ido y ojalá vuelvan. 
 

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