Inadecuado

por Fausto Lipomedes  -  26 Noviembre 2019, 21:17  -  #estrés, #viejo, #dinosaurio, #desfasado

Pues sí, he estado de vacaciones. He estado trabajando como un loco; o sea, me he tomado vacaciones del que debería de ser mi verdadero trabajo, que entiendo que no debería de ser otro que esto. 

Ya no soy una persona adecuada para trabajar, me refiero al trabajo que me ha dejado alejado de mis verdaderos quehaceres. Respecto al trabajo que me ha alejado, sencillamente me he vuelto inadecuado para él y, poco a poco, voy perdiendo las formas que requieren mis labores, sobre todo en lo que hace referencia a mis relaciones con los demás. No es que a esta categoría (los demás), los desprecie, sino que sencillamente me importan un bledo. Me he vuelto impaciente y hasta un poco déspota, y lo que más lamento es que, a veces, paguen justos por pecadores, y yendo más allá, aquellas personas a las que quiero. 

Llevo ya mucho tiempo en el que nada aprendo, o quizás sea más adecuado decir que llevo mucho tiempo con la duda de que haya algo “nuevo” que quiera aprender o que pueda sorprenderme. Lo que realmente me apetece es bucear en algunos temas que cada día llaman más mi atención y que, desgraciadamente, no son rentables para el mundo en el que me muevo todos los días. Todo se me antoja una gran mentira, pequeñas piezas de una gran farsa y sus minúsculas actos, en los que cada día soporto menos verme involucrado. 

Todo va tan deprisa que tengo la sensación de no enterarme de nada y este hecho me preocupaba, hasta que me di cuenta de que realmente nadie se entera de nada, simplemente se hacen cosas, una detrás de otra, a velocidades de vértigo, pero sin valorar si han servido para algo, si eran o no acertadas, sencillamente se hacen. Viajamos a velocidades de vértigo en esta vida pero, en realidad, las grandes cosas siguen igual, inamovibles. 

Y mi carácter muestra más predilección por esas grandes cosas, por analizarlas y poder pensar en cómo cambiarlas, si acaso hiciera falta hacerlo. Ahora, sin reflexión alguna, se tratan de derribar, modificar, darles la vuelta, pero seamos sinceros, son pesadas estructuras imposibles de desplazar. 

En definitiva, pertenezco al pasado y vivo de su inercia en un mundo que no me interesa, pero lo más dramático es que nadie parece darse cuenta de este cambio íntimo que me inunda por cada uno de mis poros y creo que nadie va a hacerlo, nadie va a reflexionar sobre ello, porque ¿a quién le interesan los demás? Por lo tanto, lo que más anhelo es que llegue ese día que no me vea en la obligación de abrir todos los días la puerta de mi casa y poder decidir yo, cuándo hacerlo.  

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