La Virgen

por Fausto Lipomedes  -  13 Agosto 2019, 20:02  -  #fiestas, #pueblos, #Vírgenes, #festejos

Y siguen pasando los días sin que nada extraordinario ocurra. He decidido tomarme unos días de vacaciones aprovechando que el país se para esta semana, la de la denominada Virgen. Seguimos creyendo en las vírgenes, en esos seres de bondad maternal, siempre con sus manitas juntas, orando, con esos pesados mantos de pies a cabeza, con sus miradas hacia el cielo suplicantes, sufrientes, dolientes, aceptando con resignación el destino y esperando mejores designios. Tu mandas, yo acepto y te obedezco, y sigo creyendo en ti, me envíes lo que me envíes a este terrenal mundo, parecen decir las vírgenes a ese tipo altivo de allá arriba que nunca se deja ver. 

Y dan igual las maneras de pensar de la gente y su forma de vivir, la Virgen los unifica a todos ellos, y agarran a los niños y a vivir la fiesta, que hay petardos y vino y buen yantar, y amigos exaltados que se permiten ciertas bromas pesadas, cuando no groseras, con las parientas y las novias, y empujones entre los hombres y “joputas” sonando por todas partes, y peñas con pañuelitos rojos, verdes o azules, y machos ebrios y chicas en flor y toros, como no, y también vaquillas para los más pequeños. Los pueblos como el mío, aunque sea de prestado, se engalanan con banderitas de colores colgadas de cordeles que cruzan las calles atados de balcón en balcón. Y también se engalanan con la enseña nacional, que me imagino que son del ayuntamiento sea cual sea su ideología, y dentro de alguno de esos trapos, que me dan miedo, figuras de la Virgen, la del pueblo supongo, porque cada uno tiene la suya. Y la policía local velando por la seguridad y cortan calles y prohiben giros y dejan al pueblo adueñarse del pueblo y disfrutar dentro de él. Y el pueblo recordará el cachondeo de las fiestas cada cuatro años y cada habitante hará un examen concienzudo de lo bien que se lo pasó, o lo que faltó, qué grupos musicales trajeron y la planta de los toros, y votará en conciencia. 

En los pueblos todo gira en torno a la Virgen, y en las ciudades también porque son numerosas las migraciones “al pueblo” para vivir la Virgen y su olor a churros y a fritanga y a música estridente para los jóvenes y a rumbas, sevillanas, pasodobles o ritmos tropicales para los más maduros que, en mi pueblo, salen en grupo a escenificar coreografías conjuntas en un patio que convierten en terraza en verano. Y a veces me he sentado en una de las mesas de aluminio y les he observado, todos dando los mismo pasos y los mismos giros y supongo que en el pueblo hay una academia de baile y que los bailarines ensayan durante el invierno para hacer su show los días de la Virgen. Y esa noche disfrutan de lo lindo, y se sientan sudando, y se llaman unos a otros, y los hay que declinan el ofrecimiento o lo que de manera impetuosa, se lanzan al escenario fundiéndose en la coreografía al lado de una jaca. 

Y la gente planifica sus vacaciones en torno a la Virgen, y hay quienes se marchan, antes o después, pero nadie falta a la Virgen y no es para menos, mientras ella ora en el silencio de su capilla, todo es fiesta. Y quizás por ello, por el festival que trae consigo, se tenga tanta devoción a las Vírgenes, ya que lo de su hijo es más serio, y más triste, si acaso se permite unos calamares y unas cervezas después de resucitado. 
 

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