Buscar la rutina

por Fausto Lipomedes  -  12 Julio 2019, 23:53  -  #rutina, #rsc, #engaño, #planeta, #CO2

Será el calor del verano el que nos hace estar desanimados, cansados, desgastados y abocados, más que en ningún otro momento del años, a nuestra finitud. Pesa el curso y la cantidad de problemas de todo tamaño, que has tenido que resolver durante él. La ciudad se vacia y lo que queda son grupúsculos de mujeres burguesas aburridas de maternidad, esperando furiosas y excitadas su viaje a la playa. Mi amiga está desolada, hablamos de que este planeta se va, irremediablemente, a la mierda, del puto modelo social y económico que ha decidido estrujarlo como queriendo saber dónde está el límite. Los aires acondicionados trabajan a máximo rendimiento tratando de enfriar los espacios que acaban quedando gélidos y ahí estamos nosotros, comiendo un menú artificioso realizado por un cocinero  que ya no sabe que inventar, y que mañana deberá volver a hacerlo, y también lo hizo ayer. Hablamos de emisiones de CO2 a la atmósfera, de que hay que ser realmente un gilipollas para creerse que una gran fábrica china o estadounidense, que no para de emitir mierda por sus chimeneas, arregle este asunto diciendo al pueblo que a cambio planta árboles en el Amazonas o en un parque de Sidney y que, de esta forma compensa su porquería. Gran invento éste de la Responsabilidad Social Corporativa que se han inventado las empresas, gran invento del márketing de estas estructuras despiadadas que pagan salarios de mierda, pero eso sí, son buenas con la sociedad.

Lo dicho, mi amiga está desolada y preocupada por el mundo, y yo le digo que pase, que ella no puede hacer nada. Pero claro, también entiendo que a su edad aún le hierva la sangre y se sienta con fuerzas como para intentar cambiar algo todo esto. Supongo que yo a la suya también sentía lo mismo, pero una vez que los años de sentido común se van acumulando en uno, te das cuenta de que da lo mismo, que lo mejor es retirarse y olvidarse de aquellos problemas que no tienen solución y buscar una rutina que, al menos, proporcione cierta tranquilidad o alguna certeza. 

La rutina es como andar por el mismo camino todos los días. En realidad no sabes nada de él ni de todos y cada uno de los elementos que lo componen. Nada sobre quien lo creó y sobre cuáles fueron sus razones, nada sobre qué usos ha tenido, sobre qué tipos de gentes lo recorren y con qué objetivos. Nada sobre los años que lleva ahí, impávido bajo él cielo; nada sobre qué charcos crea en él la lluvia, ni tampoco dónde se ubican. Cuando te encuentras con ellos, simplemente los esquivas. Pero si tienes claro cuál es su destino, qué puntos une, qué esfuerzo te exige y qué sensaciones te crea cuando lo surcas. Tampoco conoces los motivos de sus curvas, los porqués de su línea recta ahora o qué le lleva, en aquel punto, a dividirse en dos. Cruzan los bichos el camino, surgen de uno de sus márgenes y avanzan torpes hacia el otro borde para esconderse bajo la hierba seca y amarilla. También zumban insectos voladores y de vez en cuando un grupo de bencejos alza el vuelo asustados por el ruido de las pisadas. Son escasas las personas con las que te cruzas, pues sólo pocas se aventuran en discurrir por el camino o por la rutina. Piensas, sueñas con tus pasos, te repites frases, te haces preguntas, casi siempre sin llegar a ninguna conclusión, pero poco a poco, día a día, descubres, como tú, sin darte cuenta eres un elemento más de ese recorrido, una nueva incógnita que no se sabe muy bien porque está ahí. 

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: