Domingo

por Fausto Lipomedes  -  10 Marzo 2019, 21:44  -  #andar, #caminar, #domingo, #pensar

Sonreía, no hace tantos años, cuando cruzaba el país con el coche y veía a viejecitos paseando briosos, por los arcenes de las carreteras que llevaban a los pueblos por los que atravesaba. Otras veces los veía, con igual paso brioso, por los caminos paralelos a la carretera. Casi siempre iban, y siguen yendo, en parejas.  Sobre todo parejas de mujeres, deben de ser viudas, y a veces les acompañan niños pequeños que no paran de corretear de un lado a otro, como los perros cuando sales de paseo con ellos. Deben de ser los nietos. Los viejos, además, llevan ropa deportiva, de colores chillones y cuando hace buen tiempo se anudan la prenda del torso a sus ampulosas caderas. 
No sé donde leí, y hace ya años, que las grandes marcas habían encontrado un extraordinario nicho de mercado con los viejos. Desde coches de lujo hasta ropa de deporte, los viejos se han transformado en un mercado potencial. 
Pero bueno, al margen de este comentario, propio de un café capitalista, lo que quería decir es que el espectáculo de los viejos paseando en los entornos rurales me resultaba altamente entrañable y hasta envidiable. 
De hecho, en el transcurso de los últimos años, mientras me aburría o simulaba estar atento en alguna reunión estúpida, no dejaba de ensoñar a esos mismos viejos paseando en ese mismo momento.  Y también pensaba en cuanto me gustaría, estar paseando bajo el Sol, o bajo una lluvia fina, o bien bajo copos de nieve, o bien enfrentándome a las rachas de viento, en vez de estar en mi reunión. 
Hoy he ido a pasear yo también, ayer también lo hice. Suelo recorrer entre seis y ocho kilómetros a un paso rápido. Antes de iniciar el camino paro a tomar un café con los parroquianos y luego me pongo los cascos y a caminar. 
Hoy es domingo, hoy hace un día soleado, hoy es un día tranquilo y plácido inundado de una primavera avanzada. Hoy las cosas están tranquilas, los domingo son así, una especie de pacto de tranquilidad y de dejar que las horas, repletas de melancolía, se marchen tranquilamente. 
Y volviendo hoy de caminar, satisfecho y con calambres en mis piernas, no he dejado de pensar en cuanto me gustaría que mis días se transformaran en domingos, y he pensado si ya me he ganado el derecho a ello. Y en como me gustaría poder salir a caminar todas las mañanas y recogerme, cansado y sudado, a casa, darme un ducha refrescante y dedicarme a ver pasar el resto del día. Y creo que así, a fuerza de fe, podría volver a reconciliarme con este mundo, y volver a encontrar la gracia para dar alas a mi imaginación y, quizás hasta fuera capaz de dejar algo decente en este mundo. 
En fin, mañana es lunes y jamás en la vida he sentido pereza ante los lunes, pero ahora, se ha puesto todo tan raro y estúpido, que los lunes, no sólo me cuestan, me aterran. 

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