Esperando

por Fausto Lipomedes  -  27 Enero 2019, 22:30  -  #espera, #reflexiones, #años

Sigo en mi monte, oteando, asomándome a la terraza y mirando esta naturaleza tostada. Ahora fría, algunos días congelada, pero esta mañana, iluminada por el Sol, sonreía. 

Llevo unos días, o más bien debería decir que una temporada, pensando en el miedo a la soledad. No, no me refiero a la soledad como forma de vida, me refiero a los matices que adquiere cuando la vida comienza a declinar. 

Ignoraba qué fuera a llevar tan mal la cuesta abajo. Todo el mundo lo dice, es más placentero y fácil subir que bajar. Una vez has pisado la cumbre, respiras, miras a tu alrededor, sientes la satisfacción y comienzas a pensar en descender, y con él, con el descenso, la cabeza cambia. Se vuelve a cargar el cerebro con todas esas cosas que habías dejado abajo. 

Miseria, miseria, miseria. Miseria es lo que le queda al cuerpo a medida que se deteriora. Y llegando a estas edades llegan los análisis clínicos. Adiós frescura, adiós espontaneidad, adiós organismo vital capaz de reinventarse a sí mismo. Se vuelve duro, como la tierra, se agrieta y pierde los nutrientes. 

Llegué a este pueblo hace ya no sé cuantos años. Tengo mala memoria, muy mala. Es curioso que pueda recordar hechos y con ellos todos sus detalles, pero soy incapaz de medir períodos anuales. Debe de ser porque durante todos ellos mi vida ha sido tan lineal que, a pesar de tantos, a mi me parecen pocos.  Sin embargo, han pasado los años y creo que con ellos he entrado en otra espacio en el que no sé moverme, en el que no sé cómo comportarme, que aceptar o que rechazar. 

Supongo que son ciclos nuevos, o supongo que es rabia de tener que abandonar en el que ahora andaba y resistencia a aceptar el que me toca. Esto explicaría mi actitud hosca, mi mal humor, como me dicen. Mis cambios de actitud o mis inseguridades. 

Se acaba el tiempo y no es que no quede aún, sino que tomas conciencia de que se acaba. Y ya me gustaría que mi cabeza lo aceptara como lo hace mi cuerpo, esa máquina maravillosa hasta que comienza a fallar. En ese momento llegas a la conclusión de que no hay piezas de recambio, y aunque las hubiera, no sé si las querría. 

En fin, por aquí ando, cansado de pensar en todo esto, intentando hacer virar mis pensamientos hacia el nuevo horizonte, intentando encontrar la térmica que me haga ascender, mi sitio en este nuevo espacio, intentando apaciguar mi rebeldía, pues ya no tiene sentido, intentando aceptar lo que he podido hacer y lo que ya no podré, intentando reacondicionar la casa con el fin de hacerla durar lo suficiente sin que caigan sus muros o entre el agua a través de su tejado. 

Aburrido, así debo de estar, así debo de parecer a los demás, pero ellos no lo entienden. Supongo que debería ser más simple, o más tonto, o quererme menos de lo que me quiero. No lo sé, sólo tengo la sensación de esperar, de estar esperando no se a qué. 
 

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