Un vino solo

por Fausto Lipomedes  -  15 Diciembre 2018, 21:27  -  #vino, #barra, #soledad, #centro comerciales, #mercadona, #matrimonio, #discusión

Salía del centro comercial y he visto el local del vino y el jamón. Me iba ya al coche pero al final he vuelto sobre mis pasos diciéndome a mi mismo que me apetecía un vino tinto. Y de pronto me he visto allí, sentado, frente a la copa de vino, como un borracho solitario. 

Un buen vino de Ribera del Duero, sentando en una silla alta, al lado de una cuba, de esas de mentira, a modo de mesa. Le he solicitado al camarero unas patatas fritas para el vino, pero el chico, espigado, con cara de lelo, me responde que no, que no dan nada de tapa, que va todo a través de carta, y me dice que si quiero una carta, y le respondo que no, de unas maneras severas, como dándole a entender que tanta decoración en plan origen del vino y no dan ni unas tristes avellanas con un vino, pero supongo que al chaval se la resbala, puesto que recibirá un sueldo de mierda en esa franquicia de plástico y madera de pino nuevo. 

Aún así me he deleitado con el vino y, como suelo hacer siempre, observando a la gente a mi alrededor, aunque me estoy dando cuenta de que cada vez hay menos personas enigmáticas o que llamen mi atención. Ahora como todo el mundo va decorado o disfrazado, es difícil descifrar personalidades. Nos estamos convirtiendo, como le está ocurriendo a los centros urbanos de las grandes ciudades, en meros portadores de estilos, marcas y conductas fabricadas, seguramente en China, y diseñadas por un equipo de estilismo norteamericano. 

He entrado a una gran superficie, bueno a Mercadona, ese lugar en el que por mas compra que hagas tu cuenta no pasa de 37 euros y todos pensamos, hay que ver qué barato es Mercadona y que bien está de precio. Luego, cuando llegas a casa y comienzas a consumir sus productos, te das cuenta de que son horribles, que todo sabe igual y de que carece de sabor. Los productos de Mercadona, saben a Mercadona. Bueno, en uno de los pasillos de Mercadona hay un tipo enorme, de estos bobos de dos metros, grandón, sin gracia, feo de cojones y sucio, sin afeitar, con gafas amarillentas y con cuatro pelos grasientos. Supongo que ha pasado ya los cincuenta. Va con una mujer que es, iba a decir la paciencia personificada, pero no, es la indiferencia personificada, ella va a lo suyo. Abrigo beige como de piel de borrego (supongo que de otro Mercadona), pantalones, de los que sólo veo un trozo, azules oscuros de pana, pelo pegado al craneo, ligeramente ahuecado, gafas también, tez pálida, labios pintados y tirando de un carro lleno de productos de Mercadona. 

Ambos están discutiendo, el le dice a ella, pero mamá, tienes de todo,. Con toda esa comida para que vas a poner primeros. Porque sí, dice ella. Pero ¿tú crees que con toda esa comida van a querer untar paté mamá? dice él. Pues claro que sí, le responde ella. Me llama la atención que él le llame mamá a ella, pues dudo mucho que el cuerpacho que tiene haya cabido alguna vez dentro de ella, además, calculo que al igual que él, la señora anda por el ecuador del medio siglo ya pasado. Siguen discutiendo sobre la rutina y no se escuchan, discuten por norma, es una especie de diálogo de sordos basado en la discusión. Me marcho, sigo mi camino, sólo he venido a comprar galletas. Voy a las cajas registradoras, pago mis paquetes y en la caja de al lado están ellos. Ahora están discutiendo sobre cómo colocar sus compras dentro de las bolsas reusables, que si se aplastan los tomates o si mete eso más grande en la otra. Ahora me fijo de nuevo en ellos. Él la sigue llamando mamá. Sin duda son de esas parejas en que él le llama a ella mamá y ella a él papá, deplorable. 

Después de eso es cuando decido tomarme el vinito sin patatas y cuando salgo del local hacia mi automóvil les veo andar hacia mí por el pasillo. Ya es tarde, hay poca gente en el centro comercial, todo el mundo está comiendo. De nuevo discuten, esta vez sobre no sé qué cojones de un móvil y de una línea del móvil. El abronca al aire, su respiración es la protesta. Ahora dice: noooo, que no funciona así mamá, y lo dice con esa forma en que tienen de protestar los niños maleducados y sin vocabulario, con expresiones de teatro japonés exageradas. Mamá, mientras tanto, ni le escucha, mantiene la postura contraria y va mirando escaparates. Cuando me rebasan no puedo dejar de sonreír, casí reírme y valoro ese vino tranquilo y pienso que lejos de solitario ha sido un placer compartirlo conmigo mismo. Dios, pienso , que cansancio todo el día así, y deduzco que la discusión también debe de ser un sentimiento o una forma de relación, claro que completamente deforme, inquietante, avejentadora, cruel, inhumana y agotadora. Salgo por las puertas automáticas y medito sobre lo raros que son estos centro comerciales y las cosas extrañas que ocurren dentro de ellos. 

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