Espectros

por Fausto Lipomedes  -  23 Diciembre 2018, 20:11  -  #niebla, #espectros, #melancolía

A veces se queda quieta la mente. La cubre una espesa niebla y los chispazos de las neuronas se convierten en fogonazos apagados. Con la niebla la mente traquetea al ralentí, sin hacer esfuerzo alguno, sólo el mínimo para asegurar que no colapse nuestro cuerpo. 

La niebla hace entrecerrar los ojos para intentar ver a lo lejos, pero nada ves, sino un espeso blanco, que una vez estallado, se difumina y queda suspendido . 

La niebla limita nuestros horizontes y también trae al silencio y ese silencio, en estas épocas de tanto ruido, resulta benefactor. Avanzo por mi camino, y allá delante, en medio de la nada, suenan campanas, e imagino su bronce sudado. Su sonido me llega nítido, ellas y yo estamos en la misma caja de resonancia y ahora, que no veo, que nada me entretiene, me concentro en su sonido e imagino caminantes, muchos lustros atrás, recorriendo esa misma senda, cansados y reconfortados al oírlas tañer. 

La niebla, la que nos deja solos, la que nos hace observar más que de costumbre a las figuras que emergen de ella. Figuras de las que, en principio, sólo vemos sus contornos, figuras que observas como van tomando forma, tratando de discernir qué movimientos dibujan sus brazos y sus piernas para averiguar si van o vienen. Figuras que sabes que también te observan porque tu también eres un espectro que va tomando forma para ellas. Figuras encorvadas, silenciosas, alertas ante cualquier novedad que emerja. 

Pero, curiosamente, la niebla acrecienta los deseos del saludo, pues la sensación de soledad que conlleva convierte en regocijo cruzarte con otro ser humano, una vez que has confirmado que lo es. 

Si ya es difícil pensar, acción que eludo pues me dejo llevar mayoritariamente por el instinto, se convierte en una tarea casi imposible en medio de la niebla. No está la mente para paseos y entretenimientos, sino centrada en la supervivencia, y ello exige agudizar los sentidos y procesar todo lo que a través de ellos llega hasta el cerebro. 

Pero a pesar de todo ello, para mí la niebla es liberadora.  Después de todo, crea esa sensación de vacío, de espacios sin límites. En la niebla flotas y por qué no, una vez subido al alféizar de la ventana no te lanzas a volar. La niebla, vivir entre nubes, vivir en ellas pero con los píes en la tierra, perezoso tiempo de silencios, mirar a nada y dejar descansar la vista, oír lo que nunca oyes por estar distraído. 

Llevo dos, o quizás tres días de neblinas y nieblas, y parece que la climatología se ha mimetizado con mi estado de ánimo. Será el cansancio del año, ya que por algún lado hay que terminarlo para medirlo, serán los hechos que acontecen y que parecen querer derribarte, serán los deberes ineludibles que te anclan con toda su gravedad, serán los años que van mermando tu inconsciencia, serán tantas tocas que pueden ser que bienvenida la niebla. Que me envuelva, que me arrope que me haga desaparecer si quiere, por algún otro mundo apareceré, como un espectro. 

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