Incógnitas

por Fausto Lipomedes  -  23 Noviembre 2018, 21:11  -  #depresión, #sicólogo, #razones, #dudas, #incógnitas

Estoy pachucho, es sólo de ánimo. Mi cuerpo funciona, aunque no pasan en balde los años por él. 

Sí, estoy pachucho de ánimo. Las cosas podrían ir mucho mejor de lo que van. A veces, simplemente, no eres feliz porque pierdes el control de tu vida, que a fin de cuentas no deja de ser sino una concatenación de actos que, en teoría, tu decides. 

Pero, insisto, las cosas no van todo lo bien que podrían ir. Y reflexiono sobre ello, y me pregunto hasta qué punto la culpa es mía y llegó a la conclusión, haciendo porcentajes, que en un setenta por ciento, aproximadamente. 

Si hiciera un buen ejercicio de reflexión, podría enderezar todo en menos de 24 horas, simplemente me tendría que sentar, aunque también se puede hacer de píe, frente a unas cuantas personas y desterrarlas de mi existencia. Así de simple, así de sencillo, así de frío. 

Si queréis que os diga una cosa, esto es lo que recomiendan los sicólogos. De hecho, creo que hay poca gente, muy poca, que no sepa, antes de entrar en la consulta, cuál es su mal, el motivo de sus pesares y la solución, pero parece que necesitamos un certificado, el del sicólogo, para actuar. En verdad, en verdad os digo:  ahorraros el dinero y hacedlo. 

Pero entonces reculas, y supongo que lo haces porque eres un ser humano, no mejor ni peor que nadie, simplemente un ser humano, por lo que tienes la habilidad de pensar en qué consecuencias pueden tener ,en el ser humano frente a ti,  tus palabras y tus acciones. Y he aquí, la debilidad, la debilidad que se convierte en una tremenda habilidad humana, la de dejar convertir en costra lo que comenzó siendo una mota de polvo. 

Y con esa costra vagas, con la costra caminas, a veces la tratas de olvidar y otras simplemente la eludes, otras la desmontas y en otras ocasiones te echas todas las culpas y te delatas como culpable de haberla causado. Supongo que a todo esto se le llama sensibilidad.

Y en este punto habrá quien esto lea y se sienta aludido, y yo te digo no, te equivocas. 

Y así, de esta manera, sigue tu vida.  Pero llega a un punto en que el hecho de sentirte un buen ser humano abre la puerta al hecho de sentirte un tonto del capirote y es entonces cuando empiezas a sospechar que la otra persona, la causa de tus pesares, es plenamente consciente de tu sufrimiento y aún vas más allá, y empiezas a imaginar que se regodea en tu desgracia. Claro, que cabe la posibilidad de que sea realmente tonto. Y dejad que os diga una cosa, entre estas dos incógnitas se balancea la verdad. 

Hay que ser consecuentes, hay que ser sanos, hay que ser libres, hay que tumbarse en el suelo y mirar el cielo, y sentir que entre tú y el infinito azul o negro nada hay, salvo espacio vacío. Entonces, ¿qué te impide volar, alcanzarlo o balancearte en giros ascendentes como un gorrión o golondrina?  

Echad de vuestra vida a los imbéciles, a los orgullosos y tozudos, a los lelos, a los simples, a los majaderos y necios, a los idiotas, pues siendo seres humanos no saben serlo, o no quieren o les da miedo reconocer sus limites y bajezas o, simplemente, ya han tirado la toalla. 

 

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