Cerebro

por Fausto Lipomedes  -  29 Agosto 2018, 19:58  -  #cerebro, #proceso, #mental, #funciona, #desconocimiento, #ideas

Debería de estar haciendo algo, pienso. Pero me entra la duda ¿para qué? 
Debo de admitir que hace años mis actividades personales, las que ejercía al margen de las tareas profesionales, eran abundantes por la satisfacción que me producían. Simplemente, disfrutaba con ellas porque parecía poder encontrarme en aquellas actividades. O quizás fuera al revés y, sencillamente, lograba olvidarme de mí mismo y emergía ese otro yo creativo o sólo habilidoso, esa parte que no sé en qué hemisferio del cerebro reside.  Hoy, hablando de este gran desconocido, me refiero al cerebro, me han dicho que las personas mayores tienden a perder en, de nuevo no se sabe muy bien en que zona del cerebro, la capacidad de recordar el presente y refuerzan, otra vez no se sabe en que localización del cerebro, la capacidad de recordar el pasado. Razonaba yo que podría ser consecuencia de la menor necesidad de vivir una vida activa pues lo normal es que alguien mayor esté jubilado. Mi acompañante en la charla optó por razones más dramáticas o quizás más románticas, y lo justificó en una fase de preparación a la muerte.  Vaya usted a saber, el cerebro es así de caprichoso o igual es caótico y anarquista o igual es un loco entre chispazos neuronales y son nuestros miserables pensamientos los que consiguen mantener cierto control sobre esa máquina de pin-ball que no para de emitir destellos. 
Pero me voy de la idea neuronal principal, pero es que una idea lleva a otra y ésta, a su vez, a otra, y así sucesiva e infinitamente, pues parece que lo de dejar de pensar es algo difícil si no imposible, de ahí que disfrutara tanto con mis actividades creativas, ya que parecían permitirme descansar de la necesidad del pensamiento. 
Y por ello, por ese placer que sabía que encontraría en ellas, me lanzaba deseoso hacia ellas sin importarme la hora o el tiempo que, por delante, iba a poder dedicarlas. Ahora, sin embargo, mi pensamiento, y con ello volvemos al cerebro, parece amontonarme toda una pila de razones delante de mí para no abordarlas. Son razones de peso, justificadas, serias. Parece como si la pereza y el cansancio se hubiesen enseñoreado de mis chispazos allá arriba y mis pensamientos se dejarán deslumbrar por los chispazos y fogonazos. 
Lo que si es cierto, razono, es que este tipo de tareas creativas, requieren cierto modo de vida ausente de parámetros en los que mañana tarde, anochecer, noche, amanecer, crepúsculo, alba, ocaso, se entremezclan destruyendo los hábitos parejos a ellos y convirtiendo el acto creativo en un nuevo regente. Es imposible abordar la creatividad de tal a tal hora. Es imposible acometerla desde la crispación o desde la excitación. Requiere vacío para que lo ocupen los sentidos, sean del nivel que sean, ellos han de tomar el control. Si no es así, nada saldrá bien, faltará cariño y amor, faltará mimo, faltará la caricia insólita, el humor, la burla, el guiño, la complicidad con tu otro yo, ese que tan bien sabe reírse de ti mismo, pues no hay nada peor que tomarse a uno mismo en serio, al menos a la hora de ser creativo. 
Todo esto lo pienso en fracciones de segundo, es un pensamiento sólido que podría descomponer en miles de hilillos, a su vez subdivisibles en otros tantos infinitos, pues nunca se podría llegar hasta una idea primigenia y pura. Dichoso cerebro, eh!
Aún así, ayer fui capaz de imponer a toda esta caterva de insulsos chispazos mi fuerza de voluntad. Me obligué a sentarme, a mirar a lo blanco y a imaginar algo manchándolo, con ganas pero sin fuerzas que dedicarle, a pulso, apretando los dientes, tratando de rescatar a ese otro yo que, día a día, se aleja y se hace pequeño y yo, mirándolo desde el borde precipicio. 
Hoy no he sido capaz, puede que mañana sí, se lo dejo al cerebro. 

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