El niño gilipollas

por Fausto Lipomedes  -  17 Julio 2018, 23:52  -  #niños tontos, #gilipollas, #criar

El niño gilipollas

Al niño/a le han vuelto gilipollas. El niño/a, que no se sabe muy bien lo que es, tiene unos cuatro años, y va se ve en su rostro la cara del que será un gilipollas. ¿y qué culpa tiene él? El niño va vestido como un infante, con una especie de pantalones de paje bombachos azules, una camiseta blanca y sobre todo el conjunto, un pelo cortado en plan tazón, dejando al aire una melenita que se balancea con sus movimientos. Hago una apuesta (yo digo que es niño), quien está conmigo (estamos comiendo), lo niega, lo niega con tanta rotundidad, que vuelvo a mirar al puto niño/a. Nos dirigimos a él/la, preguntándole su nombre, pero el niño/a nos mira con soberbia y no responde, es una auténtico niño/a gilipollas. No para de correr por la terraza de un lado a otro y unos adultos, en la mesa de la que proceden, parece que les importa un pimiento. Hay una familia, supongo que los hijos de un matrimonio mayor (sementero) que se me antojan vagos. Un adulto se levanta. Un hombre joven que, además del mamarracho/a enano/a tiene otro bebé más pequeño aún. El hombre joven está harto, hace calor, come con la familia, está de vacaciones, tiene el pelo grasiento, barba y está pálido (debe de trabajar en una especie de agencia de publicidad). No se cuida, tiene un buen barrigón para la edad que tiene (en torno a los 40) y todo parece darle igual. Está estresado, aburrido, cansado, y es el marido de una mulata que, cuando se la trajo, tenía 18 años. Pero ahora, después de parir dos criaturas, ha ensanchado de caderas y se ha puesto fondona, aunque sigue conservando esos ratos de princesa Pocahontas, que tan poco me gustan. El amorcito se levanta para tratar de controlar al niño/niña gilipollas, el marido va tras ella, y al cruzar al lado de nuestra mesa le oigo decir a ella: tu hijo (es niño), no para de molestar y tu sin mover el culo. Hostias, pienso, creo que si una tipa me dijera esa frase reflexionaría sobre qué es mi vida, dónde va y que quiero de ella. Obviamente, la mandaría a tomar por culo (a la Pocahontas), aunque antes tendría que pensar en el coste de esa decisión (el amor). El niño, ya lo imagino, surcando en una playa dorada, con su pequeño neopreno, Juancho playero. 

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