Impás

por Fausto Lipomedes  -  1 Mayo 2017, 20:44

Primero de mayo, día del trabajador. He pasado el día andando, con mi perra. En realidad, llevo haciendo esto mismo los dos últimos días, más éste, tres. Nadie me llama, ni me reclama. Nadie me pregunta nada, ni me necesita para asunto alguno, lo que me demuestra que sólo soy necesario los días laborables de la semana. 

A veces me pregunto si echaré de menos el trabajo cuando, dentro de unos años, me jubile, o con un poco de suerte, me prejubile. La respuesta es que no, que puedo vivir así, con la boca cerrada, concentrado en mí mismo y observando a mis congéneres, sus vidas y sus extensas relaciones sociales mientras, solo, me tomo un vinito blanco o un café. 

Mi hijo ya es mayor, ya ha salido de mi esfera y, poco a poco, va diseñando y poniendo los primeros cimientos de la que será su vida. Obviamente, cuando se acerca, es para pedir algo de dinero, pues sólo tienes trabajos eventuales, como casi todos ahorra, o por melancolías del pasado con su padre, pero son pocas las ocasiones. Mi madre ya ha comenzado su cuesta abajo y, es curioso, su vejez me hace recordar a mi abuela. Es una situación extraña ver a mi madre convertida en mi abuela, y en medio de este cambio, yo no sé muy bien como estoy yo, pues los años también han pasado por mí, pero lo cierto es que tengo la sensación de que, desde fuera, debo de ser mucho más mayor de lo que yo percibo de mí mismo. Creo que no soy consciente de mi edad, y eso tiene sus cosas buenas, y también sus cosas malas, sobre todo cuando interaccionas con los demás, ya que a veces esperan de ti, reacciones, comentarios, actitudes, que muchas veces, las que más, distan  mucho de mis apetencias.

Me resulta imposible relacionarme con gente de mi edad, son gentes rematadamente aburridas, pasadas, orgullosas o, lo peor, absolutamente pasotas con todo a su alrededor, excepto con sí mismos, claro. De esto tendré que hablar algún día. 
Pues sí, en todo esto voy pensando por los caminos con mi perra; en el tiempo que me queda y de ese tiempo, cuanto de él podré seguir andando a un paso, más o menos, recio. También en el tiempo que podré seguir montando en mi bicicleta, y he de admitir que sentiré una gran tristeza y una gran rabia cuando llegue ese día en que ya me sea imposible subirme al sillín y pedalear, pues habré perdido parte de mi libertad. 

Acaba el puente de mayo y pienso que dentro de tres días volverá a ser fin de semana y que, quizás, con suerte, pueda volver a recluirme en casa y aislarme del absurdo mundo de todos los días, un impás. Supongo que ya he cumplido con mis deberes en esta vida y no creáis, también me asusta, porque siempre he pensado que cuando haces todo lo que tienes que hacer, lo más lógico es irte y dejar tu espacio a otro pues, hay tantas cosas qué hacer para que todo siga funcionando, o para que todo siga creciendo, de manera imparable, hasta que esto explote. 

 

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