Oculto

por Fausto Lipomedes  -  26 Marzo 2017, 23:04  -  #rústico

No sé porque tengo tanta obsesión por los hombres y las mujeres rústicos. Los miro con atención y también con cierto reparo, pues no es ajena a mi la agresividad que destilan. Con los hombres y las mujeres rústicos, lo mejor es mantener las distancias y para ello, lo más apropiado es ser un enigma para ellos. Son recelosos y les cuesta mucho salir de su ámbito social, por ello, si nos les atraes hacia el tuyo, mejor. Además, casi siempre no lo consigues, sino que son ellos los que te añaden al suyo, ¿lo entendéis?
Es una conducta propia de los animales de madriguera. Son más bien escurridizos, miran de reojo y raramente lo hacen directamente a los ojos. Su lenguaje es atropellado, es como si sintieran vergüenza de hacer frases largas y sus discursos, por lo tanto, son extremadamente cortos, y casi siempre con exclamaciones y sonidos onomatopéyicos. Para llamar la atención de los demás en un conversación, se golpean, normalmente en los hombros.  De esa forma consiguen que su interlocutor les atienda. Al mismo tiempo que hablan, ellos, se mueven, como muñecos, como niños con una especie de enfermedad nerviosa interna y no paran de tocarse los cojones, como si sentir sus pelotas les verificara estar vivos.  Siempre están como cansados, se recuestan en la barra del bar y los hombres se agrupan de dos en dos o de tres en tres. Se tocan mucho, se recuestan unos sobre otros; siempre he pensado que hay algo de homosexualidad en esa conducta. Se dicen cosas al oído, se cotillean, creo que hablando de los demás, o de mi mismo, y se ríen como lo haría un pequeño roedor de un dibujo animado. 
Sin embargo, y a pesar de todo ello, no puedo dejar de sentir cierta curiosidad mezclándome con ellos. He de reconocer que dentro de su madriguera me encuentro aislado, como una especie de extranjero acogido en una remota tribu en la que nadie me buscaría, lo que me resulta reconfortante, un lugar en el que descansar sin que nadie interaccione contigo, y sin formularios. 

 

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