Atrezzo

por Fausto Lipomedes  -  22 Junio 2016, 23:42

Atrezzo

-Sólo desperdicio agua cuando me lavo los dientes. Soy incapaz de cerrar el grifo mientras tengo el cepillo dentro de la boca. Quiero que la saliva espumosa que babeo se vaya cuanto antes por el sumidero del lavabo. Por ello, soy incapaz de hacer girar la manilla, necesito que el agua limpie mis restos. Que estupidez, ¿no? Manías, cada uno tenemos las nuestras-.
-Pero, ¿por qué me cuenta usted esto?-
-Lo ignoro, solo tenía necesidad e contárselo a alguien, quizás por los charcos que han quedado después de las lluvias de ayer, agua enfangada, agua que se evaporará-.
-¿Desde cuándo lleva usted aquí? Estoy pensando, y ya sabe usted lo que ocurre en los pueblos, todos conocemos a todos, y a usted no le tengo localizado hace mucho.
-Digamos que trato de pasar desapercibido-.
-¿Por alguna razón especial?-
-Bueno, es mi forma de ser, digamos que mi personalidad me lleva a ello, a pasar totalmente desapercibido, lo cual es muy satisfactorio para mí. Además, ya sabe, con los años vas entrando en esa especie de presencia física transparente. Te conviertes en parte del relleno, en parte del atrezzo de todos aquellos que quieren destacar, crecer, escalar, triunfar. Es realmente satisfactorio dejar de ser punto de atracción y vivir tranquilo, sin que ningún foco descanse sobre ti. Lo importante en esta etapa es estar tranquilo y concentrarse, eso es todo, el resto es observar.
-Ah, bueno, la verdad, nunca me había parado a pensar en todo esto, pero tal como lo describe usted, puede que tenga razón.
-¿Y usted?, dígame, ¿se ha dedicado a la enseñanza?
-Sí-, ¿cómo lo ha adivinado?
-Bueno, por su aspecto. Diría que la ropa que lleva usted puesta es la misma que usaba usted en la escuela.
-Pues sí señor, la misma. Cuido mucho mi ropa.
-Desde que le conozco no dejo de preguntarme por esas marcas que tiene usted en los pantalones, longitudinales, a la altura de sus muslos. El tejido parece ligeramente desgastado en dos pares de pantalones con los que le he visto. En uno de ellos es más imperceptible que en el otro, pero dado que yo ya conocía la marca en uno de ellos, también soy capaz de distinguir la misma rozadura en el que es más leve. Le he dado muchas vueltas al hecho y al final, la única conclusión a la que he llegado es que era de apoyar su cuerpo, en esa zona, contra el canto de una mesa.
-Jaja, así es. Mi mujer se volvía loca tratando de eliminar las marcas, pero los restos de tiza, el polvo que se acumula en la escuela, ya sabe, va incrustándose en la tela y por más que la pobre mujer restregaba y restregaba, yo creo que lo único que consiguió es fijar aún más las marcas.
-Sus gafas, tan limpias, sus manos blancas y sus dedos delicados, esas uñas cortadas, su tez blanca, al contrario que la de los paisanos de la zona, y sobre todo cómo le miran los jóvenes y, sepa usted, que es las pocas personas a la que saludan cuando se cruzan con usted.
-Vaya, parece usted Sherlock Holmes-
-Bueno, es bastante evidente

Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase: