Mi viejo coche

por Fausto Lipomedes  -  14 Marzo 2016, 23:30

Mi viejo coche

-Vaya, dos meses sin verle y ahora le veo a diario-.
-Buenas tardes, o buenas noches ya-.
-Buenas-
No hay nadie en la gasolinera, sólo él y yo, repostando los coches. El lugar es una especie de explosión de luz en medio de la oscuridad. Es una gasolinera de película de terror. El establecimiento metálico de cristales y neones, lleno de luminosidad y en el que desaparecen personas en medio de la noche, el lugar de luz en medio de la oscuridad acosado por seres extraños que salen de sus madrigueras cuando muere el Sol. Hay dos señoritas, o dos señoras, vestidas de hombres, con trabajos hechos tradicionalmente por hombres, pero yo las prefiero a ellas, te dedican una sonrisa.
-¿Ya tiene años ese coche eh?-
—Veintidós, exactamente la misma edad de mi hijo—.
-¿El del golpe?-.
-El mismo, ya vé usted, el se ha quedado con el coche nuevo, el del golpe y después de que abonara yo los desperfectos, y yo he sigo con mi viejo vehículo-
-jaja, lo hijos, son los únicos a los que damos todo aunque seamos conscientes de que nos toman el pelo, fuerte vínculo-
-Irracional, un vínculo irracional, como el que tengo yo con este coche-.
-¿Ah sí?-
-Viniendo hacia acá, el cuenta kilómetros ha superado los 325.000 kilómetros, lo cual para un coche de gasolina no está nada mal-.
-Desde luego, ¡madre mía!, ha amortizado usted bien el vehículo-.
-Y lo que me queda por amortizarlo, se porta de maravilla, y nunca protesta, siempre solícito, sin importarle a dónde voy o de donde vengo, sin poner en duda mis actos, sin valorarlos, sin despreciarlos, siempre concentrado en su quehacer, llevar y traer mi tristeza, mi alegría, mi apatía, aburrimiento, divertimento, ilusión, desesperanza, mis inquietudes, mis nervios. Tantas veces me ha traído, me ha llevado, de tantas formas vestido, con tanta gente acompañado, la de cosas que ha oído, ha visto, ha olido, mi coche. Venía pensando en todo esto en medio de la oscura carretera, disfrutando de su conducción, oyendo su motor, tan viejo como yo mismo, pero aun brioso y capaz de desafiar a estas modernas máquinas electrónicas. ¿Sabe?, venía recordando trozos de esos más de 325.000 kilómetros, venía recordando desplazamientos, pequeñas porciones de esa gran distancia. Y aún recuerdo sus primeros, un día nevado, más pendiente de qué sensación causaba mi flamante nuevo coche en los demás que de mí mismo y mi conducción. Mi hijo sólo tenía unos meses, y dejé a su madre y a él en la casa materna de mi mujer, mientras yo volvía a la urbe por temas profesionales. Yo y mi flamante coche nuevo oliendo a eso, a nuevo. La de veces que ha viajado mi hijo en un canasto de mimbre en el asiento trasero. Imagínese usted como han cambiado las cosas, ahora llevan a los críos en esa especie de sillas estelares, amarrados, protegidos, y la inconsciente de mi ex mujer y yo igual de inconsciente, nos limitábamos en llevarlo en un canasto en el asiento trasero, y la de horas que ha dormido allí el crío, y tan ricamente. Luego nos divorciamos y el coche se lo quedó ella. Durante años no supe nada de él. Sí oía cosas, pues mi ex y yo siempre hemos mantenido una relación de franca amistad y de cariño, más aún por el hecho de tener que criar a un niño con cierta coherencia, así que durante esos años posteriores al divorcio, más de una vez lo conduje pues algún verano que otro pasamos juntos para que el chaval pudiera disfrutar de ambos a la vez. Después de aquellos años perdí la pista al coche. Luego me enteré de que mi ex mujer tuvo problemas con él, con una válvula o con temas de la inyección. En definitiva, que le pasó el coche a un sobrino, que a su vez se deshizo de él, y justo cuando estaba en ese trámite, lo rescaté. De pronto me vi sentado al volante de mi viejo coche, y fue como recuperar a un amigo muy conocido. Fueron años, ya en mi madurez, de muchas cosas, con el fui a importantes reuniones, con él fui a cenas, volví acompañado de ellas, en él besé en madrugadas, en él me trasladé durante miles de kilómetros de rutina, en él he oído cientos de horas de radio, de música, desde él he tomado fotos, con él he visto preciosos atardeceres, con él he visitado a amigos y a amigas, tantas cosas con mi coche que ahora que los dos somos mayores, nos cuidamos el uno al otro. Ha llegado la hora de mimarle, de estar pendiente de él, porque él también se ha empeñado en permanecer conmigo y seguir siéndome fiel. Creo que aún hemos de vivir grandes aventuras.

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