El sueño del uno de enero

por Fausto Lipomedes  -  1 Enero 2016, 17:38  -  #Cosas de todos los días

 

 

 

 

Uno de enero. Lo primero que he hecho es levantarme de la cama. Más bien tarde, debían de ser las 10.30 o las 10.40.
--¿Mucha juerga y resaca de ayer?
--Nooo, no, no, para nada oiga, nada de nada. Las Nocheviejas para mí ya se han acabado hace años. Implican vestirte, más o menos digno, salir de casa cuando apetece empezar a estar en ella, relacionarte con gente que, normalmente son familiares o muy conocidos, cenar como cerdos, aparentar euforia y alegría, nerviosismo antes de las doce campanadas, aguantar a histéricos o histéricas haciendo el ganso, comerte las uvas mientras un grupo de personas se miran entre ellas mientras las engullen con los ojos muy abiertos, como de payasos de porcelana (mofletes rojos), y aguantar el estallido final. Besos abrazos, deseos de buena suerte, toqueteos y demás gilipolleces provenientes de mujeres que a lo mejor no quieres que te besen u hombres que no quieres que te abracen. Y todo porque ha pasado la manecilla larga del reloj, de un minuto a otro. Se descorcha el champán y continúa la felicidad, y más alcohol para los cuerpos (adolescentes vestidas de mujeres y mujeres vestidas de adolescentes), hombres uniformaditos, con sus camisitas con botones en los cuellos, papadas, barrigas abrochadas, zapatitos limpios y algún idiota que otro se pone un smoking. Y hoy en día, ahí no acaba la cosa.
--Ah, ¿no?
--Nooo, ni mucho menos. Todo el mundo agarra su smartphone y comienzan las fotos, ahora con este, ahora con aquellos, ahora te echo el brazo sobre tu hombro, ahora échamelo tú, ahora nos hacemos un selfie, ahora otro selfie, ahora, espera, pongo el palo del selfie y nos hacemos todos un selfie, y sonríe, no pares de sonreír, de abrir la boca, de mostrar tus dientes blancos, que para eso te has gastado una pasta en el dentista. Y aguantar a los más jóvenes, y no tanto, haciendo esas muecas de heavy metal cuando se hacen la foto. Todos con las bocas abiertas hasta enseñar la garganta, con la lengua fuera…….gilipollas. Y si te descuidas, tu foto, con los ojos inyectados de cansancio, forma parte de los millones de fotos de millones de gilipollas que tienen necesidad de mostrar sus memeces al mundo. Y luego a seguir comiendo y el típico ¿pero no te comes un polvorón? ¿Has probado este turrón? Cómete una hojaldrada, o este mazapán, es de la puta Alpurnía, casero, con lo que han costado. Y entonces calculas cuanto tiempo más habrás de estar para poder marcharte, y sales y hace frío y llevas la barriga llena, y tomas bocanada de ese aire gélido que se mezcla con las mayonesas,las salsas de los asados, los langostinos y los espárragos, y se te corta la digestión, y llega el ardor y deseas estar en casa para tomar una bocanada del aire de tu hogar y así, tratar de recobrar la normalidad.
Jajaja, lo pintas fatal, no me extraña que no celebres la Nochevieja.
Y quién dice que no la celebro. Claro que la celebro, pero es un acto íntimo entre yo y el nuevo año.
¿Un acto intimo? suena a pacto. ¿Deseos para el año nuevo?
Nooo, por favor, ¿pero realmente crees que algo cambia? ¿Crees que es posible proponerte cosas nuevas de un minuto para otro? Mal empiezas a cambiar si continuas comiendo como un cerdo, bebiendo y yéndote a la cama a las tantas con la cara pálida. ¿Qué es de esos buenos deseos a la tarde siguiente? Cuando te levantas con el cuerpo destrozado, el estómago estropeado y con ganas sólo de tomar infusiones. Es imposible comenzar con cualquier buen y nuevo deseo desde esa cloaca.
Entonces, ¿tu acto íntimo?
Mi acto íntimo es reafirmarme en mí mismo. Continuar siendo el ser que soy, hacer un pequeño análisis de la situación, analizar que me ha llevado a ella en ese último minuto del año y saber que empieza otro ciclo nuevo en el que seguiré siendo como soy, pero tratando de mejorar las cosas.
--Ah, entonces, ¿lo ves? alguna promesa de cambio hay.
--Nooo, te equivocas. Es un acto de reafirmación, un minuto de mirarte dentro y saber de lo qué vas a ser capaz el año próximo para mejorar cosas, o al menos de darte cuenta de lo que deberías de hacer para ello, otra cosa es que seas capaz de hacerlo o no, y eso lo sabemos todos. Por eso necesito esa calma y esa tranquilidad. Claro que me como las uvas, y este año han sido bien gordas, y a mi perra, que celebró la nochevieja conmigo, también le di doce golosinas diminutas, una por cada campanada. ¿Crees que estaba nerviosa? No. para ella sólo era una noche más y ni siquiera se preguntó que cojones pasaba para que su amo le premiara con aquello, se limitó a aprovechar la ocasión.
--Hace un día precioso.
--Sí, lo hace.
--¿Siempre paseas por aquí con tu perra?
--No, no siempre, digamos que este es el camino automático.
--¿Camino automático?
--Sí, el camino mínimo, la ruta de no pensar. Un camino blanco, rectilíneo, sin opciones. Una vía de ida y vuelta, tres kilómetros de ida y otros tres de vuelta, en total seis, el mínimo ejercicio necesario para completar al cien por cien el ejercicio que he de hacer diariamente y que mide mi reloj.
--Ah, interesante.
--Bueno, no sé si lo es o no, pero a mi me deja tranquilo. Si no estuviera mi perra, quizás no me hubiera movido hoy de casa y hubiera dado opción a mi cuerpo a expandirse y luego me haría sentir mal, con lo cual me iría a la cama con cierto mal remordimiento, por eso digo que este animal es mi entrenador personal, o si prefieres mi personal trainer, perdón my personal trainer.
--Entonces, ¿has dormido bien?
--Bueno, cómo te decía, me acosté tarde. Me suelo acostar tarde, pero ayer, además, tenía el placer de no tener que madrugar al día siguiente. Pero creo que te he mentido antes. Lo primero que he hecho esta mañana ha sido levantarme, sí. Pero me he vuelto a acostar. Sólo me he levantado para abrir la puerta a la perra, pues estaba nerviosa y la oí juguetear con las piñas que uso para encender la chimenea.
--Ah
--Sí, he dormido bien. Te mostraré el gráfico de mi sueño de año nuevo. ¿Ves?

Cercano a las seis de la mañana tuve mi sueño más profundo. caí como un lirón, ¿lo ves? Bajo a abismos de sueño y subo súbito a otros ligeros. Lo que daría por poder saber a que mundos abisales desciendo y que hay allí abajo.

Me encanta salir los primeros de año por la mañana. El mundo tiene sueño y está cansado y lo tienes todo para ti. Sólo te cruzas con jóvenes ya gordos haciendo footing, supongo que fruto de esas promesas de año nuevo y con parejas mayores. Lo bueno, es que somos tan pocos que todos nos saludamos, y hay cierta complicidad en el saludo, como diciéndonos: tu también has sido listo y no has celebrado la nochevieja eh.
--Jaja ¿Te hiciste una cena especial?
--Claro. cené una tortilla de jamón con arroz indio y verduras, pequeñas tiras de salmón noruego ahumado y tomates de la Encija, rojos, pequeños, prietos, con lágrimas de mozarela de Luguerno. Todo ello regado con una copa de vino tinto del Pedrigal y pan inglés de semillas. Acabé con unos trozos de turrón de Jijona.
--No está nada mal.
--No, tal como te lo he contado, no, pero tendrías que haberlo visto dispuesto en mi bandeja portátil.
--¿Vuelves ya a casa?
--Sí, llegaré, me daré una ducha, prepararé un fuego, escribiré esto, y esperaré a mi hijo, que me ha anunciado que viene con su chica.
--Ah, buen plan.
--No lo sé, en lo más íntimo me gustaría seguir solo, pero supongo que como parte de esas cosas a mejorar, habré de optimizar este año lo de relacionarme más.
Bueno, en definitiva, has tenido una buena nochevieja.
Sí, la que he querido. Lo que ignoro es si es fruto de mis circunstancias y me limito a envidiar la felicidad de los demás.
--Adiós
--Adiós. Venga Dana, sube!, nos vamos.

Uno de enero de 2016

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