Mi perra

por Fausto Lipomedes  -  17 Marzo 2015, 00:20  -  #Las razones del diablo

Mi perra

Mi perra, que a veces me saca de quicio. Mi perra, que ya se ha comido tres macetas, que a veces me hace perder los nervios. Mi perra, final de la jornada. Hoy me he ido pronto, aún hay Sol, inclinado, cayendo ya hacia el horizonte, gordo y naranja. Me he ido con ella, con mi perra, al campo. La veo correr como una loca, persiguiendo pájaros que se burlan de ella volando a ras de suelo. Mi perra, con la lengua fuera, trotando posesa. La miro y pienso en la libertad, las buenas conciencias, lo sincero. Se para de vez en cuando, me busca en el horizonte y, por lejos que esté, veo las dos motitas negras que son sus ojos, y la imagino tranquila, verificándome, verificando su universo, y me hace sentir tan importante. Mi perra, la miro, me mira, incapaz de sostenerme mirada. Ve algo en mis ojos, ve dentro, mi alma y mueve el rabo, a tal ritmo, y pega un brinco y trata de llegar a mi cara, a mi boca, para besarme, lamerme, quererme. Mi perra, sin manos para abrazarme y aun así trata de hacerlo a veces con sus patas. Mi perra, que sólo tiene hocico, con el que huele y una boca, con la que come, juega, besa, bosteza, lame, desea, se expresa. Mi perra, con esos ojos tristes, pacientes, ¿Por qué no hablas? Mi perra, que se toma todo tan en serio. Mi perra, que me conoce, y yo a ella. Mi perra, bendita paciencia, que oye sonidos, que duerme alerta, que me da los buenos días más alegres que jamás nadie ha conseguido. Mi perra, que renueva todas las mañanas esa inocente alegría, ese afán por volver a ser feliz otro día. Mi perra, los perros,

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