Apartamento 8

por Fausto Lipomedes  -  18 Enero 2015, 20:12  -  #Apartamento

Apartamento 8

Eso, eso digo, que hasta los pájaros han estado esperando la gran nevada, pero ni por esas. Y yo, como los pájaros, también he estado esperándola. Desde mi cuarto de estudio, volcado en mi trabajo, pero girando cada dos por tres mi cabeza hacia la ventana, entrecerrando los ojos para poder percibir el más tenue copo blanco. Pero no, este clima es monótono, este clima es aburrido. Este clima es de derechas, un tipo bastante tradicional y al que no le gustan las novedades. El tipo se limita a ofrecer mucho calor en verano y mucho frío en invierno, pero nada de agua, para que os deis bien de hostias cuando escasee de manera dramática. Tampoco os doy nieve, que alegra el espíritu. Conformaos con un día brumoso, gris plomizo, de frío cortante. Mirad al cielo imbéciles y anhelar el fenómeno que no llegara.

Al final, como con tantas otras cosas que no ocurren, acabas pasando de ellas. Existen, pero no aparecen. hay opciones, pero nunca tocan, de tal forma que llegas incluso a olvidarte de ellas. Agachas la cabeza, le das la espalda a la hipótesis y sigues con tu rutina.

Quizás deba de volver al relato del apartamento, lo había dejado con esa mujer, I., preparándose para un reunión con una gran empresa española. Y ahí estaba ella, más barroca que nunca. Se presentó en el despacho toda arreglada y pintada para ir a aquel encuentro. Los putos labios rojos rojos, sus labios finos, alargados y rojos, como una línea un poco gruesa pintada de color peligro en perpendicular a la verticalidad de su nariz. Exultante, nerviosa. Recuerdo que iba de tonos lácteos, hasta un abriguito de entretiempo blanco. Yo la miraba y pensaba ¿pero quien puede pensar en comprar un abrigo de entretiempo? Si ya no existen los otoños ni tampoco las primaveras. Había planchado su pelo que no paraba de intentar agarrarse dramáticamente a su craneo como consecuencia de los meneos que ella daba a su cabeza. Se puso tacones, que menos, y allí iba, de un lado a otro, taconeando con pasos decididos, montando una buena jarana para hacer constar que esa mañana tenía algo importante que hacer, y esas caderas arriba y abajo. Pensé que debería de acabar con agujetas, haciendo subir una cacha de su culo un vez y la otra con el siguiente paso. El cuerpo de I. era como un Mecano de anclajes simples, con cada paso se desataba un movimiento y con el siguiente el mismo en el otro hemisferio de su cuerpo. I. era una vaquera, o una patinadora de una gran superficie.

Supongo que yo en ese instante ya pensé que todo iba a ser un fracaso, supongo que debería haberla dicho_: Oye, no vienes, la vas a liar, o: aun hay tiempo, por que no vuelves a casa y te vistes normal, vale con una chaquetita y una falda, azules, en un tono verde, hasta marrón, pero quítate esas tonos aguados, esos tonos blanquecinos, huesos, tétanos de neonatos, dientes de leche, cafés con leche aguados. Arráncate esa línea roja de tu cara, rebaja en un centímetro el maquillaje de tus pómulos y frente, es más, lávala, deja a tus ojos emerger de entra esos hollines negros y pegajosos que los bordean, no te los resaltan, te los empequeñecen porque ya los tienes más bien pequeños. Coño!!!!, se tu, si quieres vender verdad, se verdadera, si quieres dar confianza, muéstrate tal como eres, sin dobleces, sin engaños. Dí, esto es lo que hay, o lo tomas o lo dejas.

Pero no, lejos de reaccionar, la observaba un poco boquiabierto, incapaz de decir nada, quizás con un pequeña sonrisa en mis labios, como asistiendo a un hecho prodigioso e increíble, un hecho inalterable por la naturaleza humana. Una extraña diosa de un extraño Olimpo habíase materializado entre los mortales y una vez superada la atmósfera, pavoneaba sobre la superficie del planeta sus atributos y sus habilidades.

Hay acontecimientos que prevés, es como sentarse frente a un plato de comida mexicana potente y pretender que aquel alimento de colores variados va a ser digestivo para tu estómago. Cuando metes el tenedor en tu boca ya sabes que reacción va a suceder, y aun así la metes, hasta el fondo, con ese afán por hacernos daño con plena conciencia de lo que hacemos. Somos así.

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